
No es un post de despedida (pero quizás si de un hasta luego). Me dediqué durante muchos meses a hacer tripas de mi corazón en mi blog. A contar mis amores y desamores, mis experiencias y las de mis amigos en búsqueda de que todos entiendan el significado completo de la palabra amor.
Andaba solo, despreocupado, libre como el viento mientras pasaban uno a uno los meses del calendario (que ahora es tan especial) pero sin llegar a ese puerto llamado felicidad (al que finalmente llegaría a su lado). Hasta que un sentimiento que parecía extraño y olvidado empezó a tocar mi puerta, mi sonrisa empezó a despertar sin temor a apagarse y los suspiros se hicieron cada vez más comunes. Cuando te empieza a gustar alguien, no es por obligación (nunca lo fue). Lo increíble es que uno no decide sobre su corazón. Amor no es aquello que queremos sentir, sino es aquello que sentimos sin querer. Porque nace, porque fluye, porque está presente sin que haya necesidad de llamarlo, porque hace que la extrañes de lunes a domingo o quieras ser su guardián.
Porque aunque sabes que el amor tiene muchos matices, a su lado (cogidos de la mano), todos los miedos desaparecen como por arte de magia (su magia tan particular). Porque aunque suena a locura enamorarme, lo estoy haciendo. Porque ahora siento que tengo superpoderes al saber que nada volverá a ser normal, sino mejor a su lado. Y que cuando no la estoy besando, estoy pensando en cuando podré volver a hacerlo.
Hoy me tocó a mí (y a ella, la princesa de mi cuento preferido), es por eso que he decidido dejar de tocar estos temas por la salud de mi relación. No quiero que todos sepan cada capítulo de nuestra historia porque no será un ´reality´ para que los demás lo vivan a la par, sino una historia muy personal, y para la que tenemos tickets exclusivos solo los dos. Gracias a ella, encontré que mi destino estaba definido, y que este era a su lado.