domingo, 9 de mayo de 2010

Tu día es hoy, mañana y siempre



Angelo: Gorda, ¿qué quieres por tu día?
Mamá: Quiero estar tranquila, que no me molesten (jodan debería decir, pero ella es recatada) y estar juntos. ¿Estamos?
Angelo: No estamos. El domingo trabajo, pero tomamos desayuno, me cuentas la calientita del periódico, te doy un beso y nos vemos un poquito más tardecito, ¿ya?
Mamá: Ya. Pero te tienes que abrigar porque está haciendo frío y te puedes resfriar, aparte que ahora con el calentamiento global y como ahora hay fecha y seguro vas a ir al estadio…lleva tu chalina mejor.
Angelo: Mamá, hace sol. No te pases.
Mamá: Ya, entonces ¿gorrito?
Angelo: (Mirada al estilo The Rock antes de su canción de entrada acompañada de un silencio sepulcral).
Angelo: Te quiero. Más tarde nos vemos. (Un beso y suena la puerta).

Masomenos, esa suele ser la conversación típica de los fines de semana. Y eso me lleva a preguntarme: ¿Gorda, cuándo descansas ah? Mechita es mamá a tiempo completo y digamos, su paga no es lo que debería ser. Si tuviera chequera, le doy uno en blanco y que escriba lo que quiere, se lo doy. Me endeudo toda la vida, no importa.

Cuando me despierto, ya sabes que me estoy moviendo y al toque me preguntas si quiero algo para desayunar. “Mamá, tengo manos y pies. Yo lo hago. Acuéstate, ¿si? que son las ocho de la mañana. Yo debería llevarte el té a la cama (no le gusta el café)”. Entonces, la gordita se mete en su cama para acostarse de nuevo, pensando en qué camisa metrosexualona se pondrá su hijo mayor. Suena la plancha, el agua hierve y mi mamá está de pie de nuevo. No pasaron ni cinco minutos con reloj (comprobado) y ya estás pendiente de tu otra razón de vivir.

Te vuelves a acostar, pero entonces yo tengo la gran idea de levantarme y te deslizas como patinadora profesional hasta que te veo al costado de la cocina. “Ahora sí”, dice su mirada, como si me hubiera ganado por puesta de mano. “Má, estoy apurado y no voy a tomar desayuno”, sale disparado de mi boca para que ella me responda con una sarta de improperios que suena más o menos así: “Entonces hijto, te compras un sanguchito o un juguito camino al trabajo, ¿ya?”. ¿Cómo decirle que no a ese ser tan angelical que en lugar de mandarte a un lugar un poquito más lejos de tu oficina (y que seguro tiene fuego y por ahí hay un trinche) te pide que comas de todas maneras?

Arranca el break de vernos por culpa del trabajo. Dos horas y el celular empieza a timbrar. ¿Remitente? Gorda (dixit Motorola a250). “Aló. No mamá, todavía no he podido comer algo (pero si ya son las 12 del mediodía, te puede dar gastritis -ya tengo- de nuevo y los aminoácidos sumados con los jugos intestinales van hacer un mix a lo DJ Luigi en tu estómago…). Ya, ahorita voy. Toy comprando ah, escuchas? Señora…deme unos tortees y un jugo de piña por favor…( pero por qué de piña si sabes que te pueda hacer daño, aparte que no me gusta que tomes esa fruta…) De durazno, me equivoqué. (Ya…ahora sí). Ya mamá, entonces hablamos…(pero vas a comer tortees como desayuno, te pasas ah). La señora no vende empanadas de ají de gallina, mamá (Ya no importa. Cuídate, y abrígate ah!)”.

Líneas de fútbol, fotos de pelotas y páginas llenas de colores interrumpen de nuevo nuestra relación hasta que me provoca llamarla.

-Ma, ¿qué novelas?
-Justo ahorita estoy viendo “Lo que callamos las mujeres”. Está buena ah, justo se trata un caso de que la mamá, así como yo, tiene a su hijo…
-Má! No…qué novedades por ahí en la casa.
-Ah! Tu papá está haciendo el último informe de la Asociación pero igual la gente está que se queja de la seguridad…
-Es que tú eres la directiva, tipo Jaime León en la ‘U’.
-No, no. La ‘U’ hace tiempo no tiene un buen presidente, aparte que contratan a ese Píriz Alves que no sabe ni patear y Piero Alva, hijito ¿por qué no se retira?
-No sé gorda, pero yo creo que tu vienes y escribes por mí y no se nota la diferencia ah.
-Jaja! ¿Ya tomaste tu pastilla?
-Pero si estábamos bien hablando de fútbol…
-¿Eso es un sí?
-Sí, mamá.
-Ya, me voy que tengo reunión de la directiva.
Tu tu tu tu tu…

Llego en la noche y de nuevo la pregunta de rigor. “Má, he subido 15 kilos en dos años. Necesito salir a correr, jugar pelota…pero ¿Qué hay de comer?”. Y entonces me sublevo ante sus pedidos de estar juntos un rato. Y poder abrazarte, hacerte cosquillas, ver tus ojos verdes que en el centro parecen tener una margarita incrustada. Y te ríes y me haces reír. Y bailas y me quieres hacer bailar. Y me cuidas y me dan ganas de apachurrarte. Todavía no te he preguntado, pero prometo hacerlo hoy: ¿Te pagamos bien como hijos?

Supongo que tu respuesta está inherente a la inicial. Te gusta cuando estamos juntos. Todos. Sin hacer nada, haciendo todo. Con plata, sin plata. En la playa, en el campo o en la casa. Lo mismo es. Me enseñaste el concepto de familia y por ti quisiera estar casado 30 años como tú (ya el próximo año cumplen ah!, no te me hagas la jovencita). También aprendí que cuando tienes un hijo ya no es solo tu vida, sino también la de ellos la que se está jugando en cada decisión, en cada segundo, en cada capricho concedido, en cada regaño ganado. Y tú lo hiciste perfecto. Tienes 20 y de plus una estrellita en la frente.

Ahora, que nos hayamos malogrado en el camino ya es cosa de nosotros (mentira!). Esta carta va para ti y todas las mamás del mundo (las que están corporalmente y las que no) que dejan de comer por sus hijos, que dejan de dormir por sus hijos, que dejan de comprarse cosas por sus hijos. Un desayuno medio cojudo no alcanza, tampoco un vestido, zapatos, una tele ni un play 3 (aunque eso sería para mí,¿no?), pero tú dices que solo basta la armonía (igual te compré un regalo por si las moscas). La verdad es que yo no necesito el día de la madre para recordar lo importante que eres para mí. Lo hago todos los días y siempre, aunque sea con un gesto simple, intento hacerte saber cuánto te quiero. Y espero que para ti, algún día, sea suficiente paga por el trabajo de 24 horas que cumples con nosotros. Yo estoy seguro que si hubieran cláusulas de rescisión tú dirías: “Nada. Este contrato es para toda la vida y no quiero nada a cambio”. Pero lo tienes, aunque no creo que sea lo suficiente: Te quiero mamá.

Ahora sí. Abre los ojos.

Feliz día, aunque intentemos que sean los 365 del año…