domingo, 4 de enero de 2009

Dudas que matan


En una relación pasa de todo. Cosas buenas, increíbles, malas y horribles que juntas hacen un surtido que muchas veces suele terminar con un sabor amargo y que termina haciéndole daño a uno mismo. La relación perfecta no existe. El cuento de hadas es solo un escrito fantasioso. La calabaza nunca se convertirá en una imponente carroza por arte de magia ni por recoger un mugriento zapato signifique que la olvidadiza llegue a ser el amor de tu vida y tú el príncipe azul.

Algunas veces veo parejas que cuando uno ve de lejos parecen muy felices. Donde siempre hay sonrisas y nunca peleas. Que se hablan amorosamente y pareciera que estuvieran en una burbuja donde solo existen los dos. Extasiados por el amor hasta los tuétanos. Lindo, sí, pero no creíble. Solo veo eso en las fingidísimas novelas mexicanas. Esa careta acaba cuando las acuciosas miradas de un tercero dejan de posarse sobre ellos y la realidad golpea como un fuerte martillazo. Algo así como cuando dejan de grabar en una escena de amor. Los actores se pueden odiar pero frente a la cámara tiene que fingir, actuar. Y eso también lo hacen las personas. Luego, cuando en la grabación de la vida real gritan CORTE! las palabras cariñosas dejan de existir, las sonrisas se cambian por el ceño fruncido y las peleas se dan con tal frecuencia que uno no sabe cuando están bien y cuando están peleados. Ya hasta parece lo mismo.

En algún momento uno es feliz. Eso no lo dudo. Hasta demasiado a veces diría yo pero nada dura para siempre. Los problemas empiezan, y eso normal. Lo importante es saber como enfrentarlos. Como parar una simple bolita de nieve antes que se convierta en una avalancha que se llevara todo a su paso. La falta de confianza empieza como una bolita de nieve. Te llaman todo el día. Bah, eso es normal dirán. Luego te piden el celular para revisar las últimas llamadas. No importa, no tengo nada que ocultarle. La bolita de nieve va cogiendo fuerza. Después te piden la clave de tu Messenger. Ya empiezas a pensar que hay algo mal. Y lo peor, es que desconfíen tanto que te pidan que hables en altavoz por nextel con una amiga (que en verdad es amiga) que está borracha en la playa y que te dice: escuchas el mar? o veo muchas estrellas. Ahí, en ese preciso instante, la avalancha se llevó tu relación.

Claro que esa paranoia no es gratis. Algo debió hacer para que desconfíe. Quizás besó a otra persona, quizás a ella le llegan rumores o de repente leyó una conversación ‘hot’ de su novio con alguna niña libidinosa. No importa cual fuera el motivo, el punto es que ella ya no confía en él y esas son dudas que matan y que pueden asesinar una relación. Uno de los buques insignia de toda relación ya se perdió. Así haya cariño, amor sin confianza todo se va a la mierda. Y yo lo sé, porque (hace mucho) le saqué la vuelta a mi enamorada. No me sentí orgulloso ni inflé el pecho por ser pendejo como muchos, más bien me embargó un sentimiento de culpa y vergüenza por lo que hice, tanto así que le pedí que por favor terminara conmigo después de contarla tal estupidez realizada.



Ella en un acto descabellado, jalado de los pelos y un poquito irreal, me perdonó. Dentro de su insanidad yo pensé que seguir era una oportunidad de rectificar lo que hice y tener esa segunda oportunidad que tanto quería. Me pareció el acto más sincero y una de las mejores cosas que hicieron por mí hasta que la cruda realidad chocó conmigo. Era una trampa, una vil patraña. Su perdón fue más falso que billete de cinco soles. Lo único que quería (y por lo que ella clamaba) era venganza. Probablemente se la cobró y yo me lo merecía. Me engatusó y yo caí. Me enamoré de ella para que al final me bote como trapo usado. Seis meses después me contó la verdad. “Yo te perdoné de verdad pero no podía olvidar lo que hiciste así que decidí cobrármela. Quería que vivieras todo lo mal que me sentí. Yo ya no confiaba en ti”.

Por eso, un consejo para los ilusos que piensan que las segundas oportunidades existen. Si la cagaste, no traten de arreglarla ni crean que tendrán otra chance para hacer las cosas bien. Las mujeres perdonan, pero no olvidan. Siempre te echarán en cara lo que hiciste. Siempre. Mi ex quiso volver conmigo (y vi la sinceridad en sus ojos) pero seguramente nunca iba a confiar de nuevo por lo que creí mejor dejar las cosas así. Que me odie y que yo a lo lejos la siga teniendo presente. Esa vez safé cuerpo antes que la avalancha me tumbara de nuevo.

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