
El amor –por más estúpido que suene- suele ser un juego. A veces es cruel y te hace llorar, otras es increíblemente beneficioso y hace que sonrías sin parar. Es como entrar a un casino gigante donde el objetivo de todos es llevarse el premio mayor. Algunos entran medios ‘misios’ (como yo) y no les alcanza para tener grandes fichas, mientras otros casi millonarios entran y dejan regadas sus fichas como si fuera un poco de polen para las flores.
Yo prefiero dos juegos: el blackjack y la ruleta. No soy fan de las máquinas porque allí solo rige el azar y por algo los casinos se hacen llamar tragamonedas (en este caso sería traga-amores). En este juego prefiero tener un humano que me dé señales que pueda descifrar o últimas jugadas de las cuales me pueda guiar. En el blackjack puedes contar las cartas para ganar o solo jugar cuando tienes cartas altas y en la ruleta puedes apostar seguro escogiendo un color o la mitad de las fichas. Es jugar sin un alto riesgo y quizás soy igual en el traga-amores.
No me gusta arriesgar, juego las fichas casi siempre a seguro, a pesar que sé que hay un probable margen de error. Suelo irme con lo mismo y a veces con un poco más pero nunca con menos aunque siempre queda la pregunta flotando de qué hubiera pasado si…le hubiera apostado todo al número que pensaba y que ganó en una jugada, si hubiera pedido una carta más y no hubiera arrugado a arriesgar. Lo mismo me pasa en el otro juego. A veces me pregunto qué hubiera pasado si…le decía lo que en verdad sentía o si intentaba darle un beso. Quizás me metía un cachetadón pero ¿quién sabe?...Nunca lo intenté.
Tengo una amiga que siempre me dice que tiene mala suerte en el amor, yo le diría que le eche fichas a otro juego. Que arriesgue un poco más. Siempre el que juega a seguro se queda con lo que tiene, en cambio el que arriesga puede ganar mucho más –hasta podría ser el premio mayor, ese al que todos queremos llegar- o por lo menos tendrá un premio consuelo que no es tan malo: sacarse la duda del que hubiera pasado si…Por eso, a veces es mejor apostar doble cuando el corazón dice que esta es la jugada ganadora.
3 comentarios:
En todos los casos, el que no arriesga no gana. A veces te das de cara contra la pared en otras puedes ingresar a esa puerta tan ansiada: su corazón. Simplemente es mejor decirlo que guardar sentimientos en el interior.
Quizá el mantenerse en el juego seguro sea finalmente el gran problema para quienes tenemos el golpe del "NO, LO SIENTO; TE QUIERO COMO AMIGA(=)" pero llego a la conclusión de que si se quiere cerrar un ciclo VERDADERAMENTE, pues hay que jugarselas TODAS.
juegatela pe!
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