miércoles, 9 de junio de 2010

Mi otro hermano


Tengo un hermano de sangre pero otro de corazón que no necesita carta de presentación. Hace casi seis meses se fue lejos, en uno de esos viajes que cada vez detesto más. No solo el de él sino también el de otras personas cercanas a mí. Seguro cuando yo lo haga y me vaya a estudiar afuera, pensaré que no son tan odiosos pero por ahora sigo con la misma idea. Lo increíble es que pasó mucho tiempo y las cosas no cambiaron. Bueno, solo detalles mínimo.

Algunos kilos de más, una nueva enamorada y chocolates a granel fueron las sorpresas con sabor americano. Estuvimos en contacto por Messenger, skype, facebook y todas las redes sociales posibles pero no es lo mismo que cuando todas las barreras de tiempo y espacio se derrumban como un castillo de naipes. Despegue en Miami, escala en Colombia y destino final: Lima, Perú. De nuevo. Como antes. Como siempre. Como nunca.

De la recepción no pude ser testigo por motivos laborales, pero me quería largar temprano para saludarte. Justo cuando estoy en la esquina, veo llegando la camioneta que traía al visitante ilustre. Con ganas de joder, como siempre, te traté de asustar en la ventana y bajaste para abrazarnos y cagarnos de risa de nuevo. Dos maletas, una en camino y regalo para todos.

El hermano menor había vuelto, porque aunque no haya vínculo sanguíneo, igual es parte de mi familia. Mi mamá cuando vamos a algún lado sabe que podría ser el quinto elemento, el último lado del pentágono perfecto. Igual conmigo en la suya. Quizás por eso su mamá dice que yo también me fui de viaje con él, que solo me vio dos o tres veces en medio año. Claro, una de ellas fue cuando los decibeles llegaban a la edad del Rigo por una fiesta de polendas.

Y la paz volvió a convertirse en bulla. Pero no la mala, sino de la buena. Eso significa que de nuevo habrá movimiento, que las escenas de fast and furious están de vuelta en Cahuide, que la música retumbará para que se escuche hasta en el Block 4B y que la dupla nunca consolidada en los tonos pueda por fin amoldarse. Sobra tiempo, sobran ganas. Pero fuera de bromas, antes de que este texto se vea un poco homosexual, tengo que decirte que es bueno tenerte de vuelta. Porque cada vez te veo más cuajado y seguro gracias a que sabes que tu presente y futuro está acá. Para sellarlo con una frase de Hoja de Parra…nunca cambien. Y tú no lo hiciste. Bienvenido a casa, hermanito.

domingo, 9 de mayo de 2010

Tu día es hoy, mañana y siempre



Angelo: Gorda, ¿qué quieres por tu día?
Mamá: Quiero estar tranquila, que no me molesten (jodan debería decir, pero ella es recatada) y estar juntos. ¿Estamos?
Angelo: No estamos. El domingo trabajo, pero tomamos desayuno, me cuentas la calientita del periódico, te doy un beso y nos vemos un poquito más tardecito, ¿ya?
Mamá: Ya. Pero te tienes que abrigar porque está haciendo frío y te puedes resfriar, aparte que ahora con el calentamiento global y como ahora hay fecha y seguro vas a ir al estadio…lleva tu chalina mejor.
Angelo: Mamá, hace sol. No te pases.
Mamá: Ya, entonces ¿gorrito?
Angelo: (Mirada al estilo The Rock antes de su canción de entrada acompañada de un silencio sepulcral).
Angelo: Te quiero. Más tarde nos vemos. (Un beso y suena la puerta).

Masomenos, esa suele ser la conversación típica de los fines de semana. Y eso me lleva a preguntarme: ¿Gorda, cuándo descansas ah? Mechita es mamá a tiempo completo y digamos, su paga no es lo que debería ser. Si tuviera chequera, le doy uno en blanco y que escriba lo que quiere, se lo doy. Me endeudo toda la vida, no importa.

Cuando me despierto, ya sabes que me estoy moviendo y al toque me preguntas si quiero algo para desayunar. “Mamá, tengo manos y pies. Yo lo hago. Acuéstate, ¿si? que son las ocho de la mañana. Yo debería llevarte el té a la cama (no le gusta el café)”. Entonces, la gordita se mete en su cama para acostarse de nuevo, pensando en qué camisa metrosexualona se pondrá su hijo mayor. Suena la plancha, el agua hierve y mi mamá está de pie de nuevo. No pasaron ni cinco minutos con reloj (comprobado) y ya estás pendiente de tu otra razón de vivir.

Te vuelves a acostar, pero entonces yo tengo la gran idea de levantarme y te deslizas como patinadora profesional hasta que te veo al costado de la cocina. “Ahora sí”, dice su mirada, como si me hubiera ganado por puesta de mano. “Má, estoy apurado y no voy a tomar desayuno”, sale disparado de mi boca para que ella me responda con una sarta de improperios que suena más o menos así: “Entonces hijto, te compras un sanguchito o un juguito camino al trabajo, ¿ya?”. ¿Cómo decirle que no a ese ser tan angelical que en lugar de mandarte a un lugar un poquito más lejos de tu oficina (y que seguro tiene fuego y por ahí hay un trinche) te pide que comas de todas maneras?

Arranca el break de vernos por culpa del trabajo. Dos horas y el celular empieza a timbrar. ¿Remitente? Gorda (dixit Motorola a250). “Aló. No mamá, todavía no he podido comer algo (pero si ya son las 12 del mediodía, te puede dar gastritis -ya tengo- de nuevo y los aminoácidos sumados con los jugos intestinales van hacer un mix a lo DJ Luigi en tu estómago…). Ya, ahorita voy. Toy comprando ah, escuchas? Señora…deme unos tortees y un jugo de piña por favor…( pero por qué de piña si sabes que te pueda hacer daño, aparte que no me gusta que tomes esa fruta…) De durazno, me equivoqué. (Ya…ahora sí). Ya mamá, entonces hablamos…(pero vas a comer tortees como desayuno, te pasas ah). La señora no vende empanadas de ají de gallina, mamá (Ya no importa. Cuídate, y abrígate ah!)”.

Líneas de fútbol, fotos de pelotas y páginas llenas de colores interrumpen de nuevo nuestra relación hasta que me provoca llamarla.

-Ma, ¿qué novelas?
-Justo ahorita estoy viendo “Lo que callamos las mujeres”. Está buena ah, justo se trata un caso de que la mamá, así como yo, tiene a su hijo…
-Má! No…qué novedades por ahí en la casa.
-Ah! Tu papá está haciendo el último informe de la Asociación pero igual la gente está que se queja de la seguridad…
-Es que tú eres la directiva, tipo Jaime León en la ‘U’.
-No, no. La ‘U’ hace tiempo no tiene un buen presidente, aparte que contratan a ese Píriz Alves que no sabe ni patear y Piero Alva, hijito ¿por qué no se retira?
-No sé gorda, pero yo creo que tu vienes y escribes por mí y no se nota la diferencia ah.
-Jaja! ¿Ya tomaste tu pastilla?
-Pero si estábamos bien hablando de fútbol…
-¿Eso es un sí?
-Sí, mamá.
-Ya, me voy que tengo reunión de la directiva.
Tu tu tu tu tu…

Llego en la noche y de nuevo la pregunta de rigor. “Má, he subido 15 kilos en dos años. Necesito salir a correr, jugar pelota…pero ¿Qué hay de comer?”. Y entonces me sublevo ante sus pedidos de estar juntos un rato. Y poder abrazarte, hacerte cosquillas, ver tus ojos verdes que en el centro parecen tener una margarita incrustada. Y te ríes y me haces reír. Y bailas y me quieres hacer bailar. Y me cuidas y me dan ganas de apachurrarte. Todavía no te he preguntado, pero prometo hacerlo hoy: ¿Te pagamos bien como hijos?

Supongo que tu respuesta está inherente a la inicial. Te gusta cuando estamos juntos. Todos. Sin hacer nada, haciendo todo. Con plata, sin plata. En la playa, en el campo o en la casa. Lo mismo es. Me enseñaste el concepto de familia y por ti quisiera estar casado 30 años como tú (ya el próximo año cumplen ah!, no te me hagas la jovencita). También aprendí que cuando tienes un hijo ya no es solo tu vida, sino también la de ellos la que se está jugando en cada decisión, en cada segundo, en cada capricho concedido, en cada regaño ganado. Y tú lo hiciste perfecto. Tienes 20 y de plus una estrellita en la frente.

Ahora, que nos hayamos malogrado en el camino ya es cosa de nosotros (mentira!). Esta carta va para ti y todas las mamás del mundo (las que están corporalmente y las que no) que dejan de comer por sus hijos, que dejan de dormir por sus hijos, que dejan de comprarse cosas por sus hijos. Un desayuno medio cojudo no alcanza, tampoco un vestido, zapatos, una tele ni un play 3 (aunque eso sería para mí,¿no?), pero tú dices que solo basta la armonía (igual te compré un regalo por si las moscas). La verdad es que yo no necesito el día de la madre para recordar lo importante que eres para mí. Lo hago todos los días y siempre, aunque sea con un gesto simple, intento hacerte saber cuánto te quiero. Y espero que para ti, algún día, sea suficiente paga por el trabajo de 24 horas que cumples con nosotros. Yo estoy seguro que si hubieran cláusulas de rescisión tú dirías: “Nada. Este contrato es para toda la vida y no quiero nada a cambio”. Pero lo tienes, aunque no creo que sea lo suficiente: Te quiero mamá.

Ahora sí. Abre los ojos.

Feliz día, aunque intentemos que sean los 365 del año…

sábado, 20 de febrero de 2010

Qué fácil es...



Qué fácil es pretender que no ya no me extrañas más, que no piensas en mí. Qué fácil es creer que ya no existo dentro de tu órbita tan particular. Qué fácil es decir que todo cambió, que si no hay solución la huelga (en tu corazón) continúa. Es que los trabajadores alrededor del órgano más vital de tu cuerpo siguen llevando diligentemente hielo para arroparlo en el miedo y la frialdad con la que te despediste. Qué fácil es pensar que siempre mandarás en el amor, que tienes el control remoto mágico para ponerle stop y rewind para poder ver lo que hicieron por ti cuando quieras.

Algunos dicen que hay un Dios de la esperanza y si esa es una religión, me declaro abiertamente ateo. Porque me quitaste toda la ilusión, y esa llama que alumbraba nuestras velas está a punto de desvanecerse. Aunque, para ser sinceros, qué fácil es ilusionarse. Qué fácil es pensar que todo es perfecto, que la otra persona no tiene defectos, vivir en una burbuja que se reventará en cualquier momento por la fragilidad del contenido y por fin se verá que no es un cuento de hadas lo que estás viviendo (aunque en algún momento lo pareció). La magia está en aprender a convivir con esos detalles que te hacen humano, un ser que se equivocará permanentemente pero que hará hasta lo imposible (como yo) para arreglar sus cagadas.

Qué fácil es intentar olvidar cuando atrás tienes títeres que aplaudirán cada cosa que hagas, cuando tienes llena la bandeja de entrada del celular con mensajes de personas de las que ni siquiera puedes recordar su nombre y apellido por más de diez segundos pero el simple hecho de tenerlos te hace sentir un poquito más importante. Qué fácil es ignorar todas las cartas mías que aún tienes y que revisas de cuando en cuando. Pero también debe ser difícil. No imposible pero sí difícil.

Por lo menos no te la puse tan fácil. En el castillo, un rebaño ejecuta una sílaba única cada vez que te ven entrar a tu dormitorio. Cuando tienes que revisar los periódicos, siempre escondes el mío para no tener que ver mi rostro ni mis escritos. Esos que alguna vez fueron exclusivamente para ti. Mientras la música suena al ritmo de un DJ desconocido (por lo menos para la mayoría) es imposible que no tengas un ‘flashback’ donde nos veas bailando sin cesar (según tu top 5, nuestras salidas están inscritas por lo menos en tres), creando pasos, riendo de felicidad ante la mirada de cientos de extraños.

Por eso, un CD recordatorio sigue al lado del equipo de música. Sin funda, listo para empezar a sonar. Porque no creo que en un par de meses te hayas podido olvidar de mí ni de las letras de las canciones, de todo lo que pasamos, de todo lo que vivimos juntos. Quizás nunca alcanzará para ser un best seller, pero robaste mi inspiración al ser la princesa de mi cuento preferido y eso a mí me basta. Es como haber ganado el premio mayor. No necesito trofeo ni mención honrosa.

Porque a veces solo faltas tú, pero no te pienso llamar. Porque mi orgullo puede más (y el tuyo también). Es que a pesar que a veces me muero por saber de ti, no pido información, prefiero que llegue a mis oídos de manera casual. Porque a veces la indiferencia duele más que un millón de palabras.

Qué fácil es decir que ya no te importa nada cuando sabes que no es verdad. Qué fácil es ocultar lo que uno siente con caretas que van rotando todos los días en silencio, ese espectro tétrico que te acompaña cada vez que te vas a dormir. Qué fácil es mantener la mente ocupada de trabajo para no pensar, para no extrañar. Qué fácil es mentir, pero yo no lo haré. Te quiero y nunca dejé de hacerlo. Aún te pienso, aún te extraño, aunque últimamente haya sido a escondidas y en la oscuridad.

domingo, 19 de julio de 2009

Derecho a la intimidad


No es un post de despedida (pero quizás si de un hasta luego). Me dediqué durante muchos meses a hacer tripas de mi corazón en mi blog. A contar mis amores y desamores, mis experiencias y las de mis amigos en búsqueda de que todos entiendan el significado completo de la palabra amor.

Andaba solo, despreocupado, libre como el viento mientras pasaban uno a uno los meses del calendario (que ahora es tan especial) pero sin llegar a ese puerto llamado felicidad (al que finalmente llegaría a su lado). Hasta que un sentimiento que parecía extraño y olvidado empezó a tocar mi puerta, mi sonrisa empezó a despertar sin temor a apagarse y los suspiros se hicieron cada vez más comunes. Cuando te empieza a gustar alguien, no es por obligación (nunca lo fue). Lo increíble es que uno no decide sobre su corazón. Amor no es aquello que queremos sentir, sino es aquello que sentimos sin querer. Porque nace, porque fluye, porque está presente sin que haya necesidad de llamarlo, porque hace que la extrañes de lunes a domingo o quieras ser su guardián.

Porque aunque sabes que el amor tiene muchos matices, a su lado (cogidos de la mano), todos los miedos desaparecen como por arte de magia (su magia tan particular). Porque aunque suena a locura enamorarme, lo estoy haciendo. Porque ahora siento que tengo superpoderes al saber que nada volverá a ser normal, sino mejor a su lado. Y que cuando no la estoy besando, estoy pensando en cuando podré volver a hacerlo.

Hoy me tocó a mí (y a ella, la princesa de mi cuento preferido), es por eso que he decidido dejar de tocar estos temas por la salud de mi relación. No quiero que todos sepan cada capítulo de nuestra historia porque no será un ´reality´ para que los demás lo vivan a la par, sino una historia muy personal, y para la que tenemos tickets exclusivos solo los dos. Gracias a ella, encontré que mi destino estaba definido, y que este era a su lado.

domingo, 24 de mayo de 2009

El juego que no quiero perder


El amor –por más estúpido que suene- suele ser un juego. A veces es cruel y te hace llorar, otras es increíblemente beneficioso y hace que sonrías sin parar. Es como entrar a un casino gigante donde el objetivo de todos es llevarse el premio mayor. Algunos entran medios ‘misios’ (como yo) y no les alcanza para tener grandes fichas, mientras otros casi millonarios entran y dejan regadas sus fichas como si fuera un poco de polen para las flores.

Yo prefiero dos juegos: el blackjack y la ruleta. No soy fan de las máquinas porque allí solo rige el azar y por algo los casinos se hacen llamar tragamonedas (en este caso sería traga-amores). En este juego prefiero tener un humano que me dé señales que pueda descifrar o últimas jugadas de las cuales me pueda guiar. En el blackjack puedes contar las cartas para ganar o solo jugar cuando tienes cartas altas y en la ruleta puedes apostar seguro escogiendo un color o la mitad de las fichas. Es jugar sin un alto riesgo y quizás soy igual en el traga-amores.

No me gusta arriesgar, juego las fichas casi siempre a seguro, a pesar que sé que hay un probable margen de error. Suelo irme con lo mismo y a veces con un poco más pero nunca con menos aunque siempre queda la pregunta flotando de qué hubiera pasado si…le hubiera apostado todo al número que pensaba y que ganó en una jugada, si hubiera pedido una carta más y no hubiera arrugado a arriesgar. Lo mismo me pasa en el otro juego. A veces me pregunto qué hubiera pasado si…le decía lo que en verdad sentía o si intentaba darle un beso. Quizás me metía un cachetadón pero ¿quién sabe?...Nunca lo intenté.

Tengo una amiga que siempre me dice que tiene mala suerte en el amor, yo le diría que le eche fichas a otro juego. Que arriesgue un poco más. Siempre el que juega a seguro se queda con lo que tiene, en cambio el que arriesga puede ganar mucho más –hasta podría ser el premio mayor, ese al que todos queremos llegar- o por lo menos tendrá un premio consuelo que no es tan malo: sacarse la duda del que hubiera pasado si…Por eso, a veces es mejor apostar doble cuando el corazón dice que esta es la jugada ganadora.

Pablito no saca el clavito


Alessa es una chica de un carácter particular, no es igual que el resto (es única diría yo). Cariñosa pero a la vez un poco posesiva, celosa hasta decir basta cuando desconfía pero, probablemente, una de las mejores enamoradas cuando no tiene fantasmas que rondan su cabeza ni su corazón. Ella viajó hace no mucho a España para encontrar la paz que no tenía en Lima y de plus encontró respuestas a preguntas que habían quedado inconclusas.

El alejamiento de dos personas suele ser muchas veces la llave de un cuarto escondido de certezas que divagan entre la verdad y la insanidad. Cuando es abierto por primera vez asusta, tanto que lo cierras de golpe para no encontrar armas que –sin ser punzantes- lleguen a herir tu corazón. La segunda vez te da curiosidad y encuentras pruebas que te hacen sacar una balanza imaginaria para pesar lo positivo y negativo que tenía tu relación. Cuando ves que la confianza se esfumó, que el cariño parece haberse convertido en simple formalismo y que las llamadas en vez de ser reconfortantes son preocupantes, tu balanza está echada totalmente para un lado y no para el que esperabas. Es así que prefieren refugiarse en el silencio para encontrar las palabras suficientes para decir una verdad que duele. Que ya no hay más amor, que Cupido les sacó las flechas que alguna vez lanzó y que la confianza es una palabra que suena bien pero que no se cumple en la relación. A veces es mejor decir adiós antes de hacerte más daño. Ser egoísta de vez en cuando no es tan malo.

Alessa volvió a Lima y fue inevitable que viera nuevamente a su ex. La fuerza de voluntad flaqueó y se vieron de vez en cuando hasta que ella empezó a dudar de su decisión. Ya no sabía si estaba bien o mal. Quizás se había apresurado, de repente aún la relación no estaba perdida, pero cuando ya no hay confianza ya no queda nada. Hay recuerdos que nunca se borrarán por más que a muchos les gustaría apretar delete. Es fácil botar peluches, cartas, fotos, polos (yo lo he hecho) pero del disco duro de la memoria humana nunca saldrán aquellos besos que aún saboreas, esos abrazos que todavía sientes y cosas inolvidables que pasaron. Por más que quieras ‘resetear’ la memoria no podrás. Quedarán allí por siempre, pero si el tiempo es tu mejor aliado, poco a poco los recuerdos serán cada vez menos constantes, se disiparán hasta ser muy distantes.

Es mejor salir de una relación en buenos términos antes que se deformen en las peleas interminables. Recordar que se llevaron bien y no los horribles últimos días de full ‘mechas’ estilo ring de box. Muchas veces una tercera persona ingresa sin ser llamado, su papel secundario se va haciendo más protagónico con el correr de los días y las llamadas hasta parecer el escape perfecto para olvidar lo que hasta hace poco pasaste. Quizás él es todo lo que soñaste (y más). Sus amigas te repiten que nunca te hará daño, su familia te quiere y sus hermanos menores te llaman por tu nombre pero ese fantasma llamado ex, ese clavito que sigue en tu corazón como la peor estaca, no te deja avanzar ni lo hará hasta que cierres por completo ese libro. Pablito no puede sacar el clavito, solo tú. Por más que duela, por más que llores, es mejor que tú seas tu propia doctora y hagas la operación. Las heridas del corazón demoran en cicatrizar, pero cuando lo hagan no habrá más dolor ni vacios invisibles que llenar. Las dudas se disiparán y verás como una sonrisa se dibuja sin ser llamada. A veces es mejor saber olvidar.

jueves, 16 de abril de 2009

¿Y mi mejor amiga...?



Los hombres tenemos la costumbre –buena o mala, no lo sé- de intentar rodearnos de mujeres lo más que podamos. Para salir, para estudiar, para comer, para dormir. No importa la actividad que sea –exceptuando quizás jugar fútbol y levantar pesas-, las féminas siempre están presentes. Es inevitable. Hay ‘ladies night’ porque suena bien y es la noche de ellas, donde bailan, son libres de ser auténticas ya que saben que nadie las juzgará. Que están entre amigas. En cambio, ‘boys night’ suena a un grupete de chicos medios mariposones que no tienen mejor idea que pasar una noche juntos embriagándose –y no creo que terminen en la casa de uno de ellos con pijamitas, eh- y hablando del primer tema que se les ocurra. Por eso no existe un ‘boys night’.

En cambio, cuando hay una mujer alrededor, todo cambia. Los hombres toman otra postura, otra actitud. Es como si hubiera un filtro de personalidad. Como cuando el padre ingresa a la misa. Impone respeto, así de simple. Entonces empieza la melodiosa danza de frases, piropos y demás. Es casi como cuando hay un eclipse lunar o un arcoíris. Nadie quiere perdérselo. Así de embriagantes son. Quizás por eso uno disfruta tanto de la compañía del sexo opuesto.

Yo me suelo llevar muy bien con las mujeres, en especial –creo yo- porque soy sincero y no le pongo una careta estúpida con el único fin de impresionarla. Recuerdo que así es como fui haciéndome más ‘pata’ de la que sería mi mejor amiga –aunque creo que fue, porque ya no hablamos mucho-. Empezamos con bromas sin sentido y cosas no fuera de los parámetros establecidos como la familia, el cole o la universidad y que planes para el fin. Cuando salen de ese pequeño universo, se dan cuenta que las conversaciones pueden ser mucho más interesantes que solo eso. De hecho, yo siempre sentía a mi mejor amiga como la hermana que nunca tuve. Me cuidaba, a veces se ponía celosa pero –lo más importante- es que siempre me aconsejaba –aunque yo no siempre escuchara-.

Quizás ya estoy grandecito para el término de ‘mejor amiga’, pero es verdad, la extraño. Siempre te aguanta todas tus tonterías. Las recurrentes peleas con la enamorada, la discusión con los viejos, tus momentos más felices, y también los más tristes-como cuando muere tu abuelo-. Está en las buenas y en las malas, a toda hora –no tiene horario-, no te pide nada a cambio y sabes que siempre te va a ‘bancar’. Que eres tú mismo y no hay rollos, porque te conoce. Extraño estar en su casa y ver pelas toda la tarde –en lugar de salir a tonear a una discoteca-, jugar computadora o irnos a la playa toda una semana. Tengo un mejor amigo –y es increíble que seamos tan ‘patas’ y nos llevemos tan bien- pero no es lo mismo que la opinión de una mujer. Ella siempre lo ve desde su perspectiva de mujer y los consejos tienen otra connotación.

Hace poco le pedí un consejo a la que fue mi última mejor amiga y fue totalmente sincera. Gracias a ella evité cometer –quizás- una de las mayores estupideces de este año, pero me detuvo con su consejo. Después que lo hizo, me di cuenta que extraño tener una mejor amiga. Con la que puedes hacer todo y nada a la vez. La que siempre te arrancará una sonrisa inesperada, que pondrá el hombro para que llores sin que la hayas llamado. Porque te conoce, porque sabe que significa cada mueca tuya, cada actitud, cada reacción. Que sabe cuando hablar y cuando callar, que a veces un silencio es necesario, que los detalles valen más mil palabras y que un te quiero no son solo dos palabras que suenan bien, sino que tienen mucho significado.