Aún no sé si has leído lo que escribí pero si lo hiciste te debes haber dado cuenta que es para ti. Por lo que dije, por como me siento, por todo. Me imagino (pienso y creo) que sientes miedo. Estás ‘frikeada’ o media palteada conmigo. Y yo también lo estaría si fuera tú (no te culpo) pero estás haciendo justamente lo que no quería. Que te alejaras. Caletamente (según tú), pero te estás alejando. Pocas palabras, miradas esquivas y algo entre incomodidad y presión es lo que (creo) que está pasando.
Nunca se me cruzó por la cabeza que las sonrisas más impensadas y que comentarios ilusionados serían por ti. En serio. Siempre te vi como mi amiga, como mi ‘causa’, con la que puedo hablar de cualquier cosa y no habrá problema. Que le puedo contar algo tan publicable como lo que hice ayer por la noche pero también lo que pasa por mi cabeza. Mis sentimientos más escondidos, mis emociones más extrañas, mis relaciones más complicadas y mis peores defectos.
Desde que empezamos a hablar seguido (un par de meses atrás) fuiste como un soplo de aire fresco. Una brisa que intenta llevarme a su ritmo (pero que por ratos se convierte en huracán). Una capitana que me invitó a subir a su barco sin destino definido. Que se puso el gorro blanco, se lo aseguró bien y en vez de coger el timón, se sentó a mi lado para dejarse llevar por el mar. Que no le importaba a donde fuéramos mientras sea conmigo.
Tenemos percepciones parecidas y las noches se empezaron a hacer divertidas. Seguro por eso es que te empiezo a extrañar. Seguro por eso veo tu sonrisa cuando no debería y que cuando cierro los ojos recuerdo cuando fue la última vez que estuvimos juntos. Tu cerquillo a medio lado en tu cabello lacio, polito a rayas y tus ojos caramelo que tanto me gustan. Lo que pediste mientras cenábamos y la delicada forma de coger los cubiertos. Como reías y el abrazo al despedirnos.
Me gustas, ya no lo puedo seguir negando. Hace menos de 100 horas nos vimos de nuevo y lo confirmé. Por más que lo trate de negar o ignorar, la verdad me rebota como pelota de ping pong: me gustas. Cuando estuve toneando el viernes y el sábado (en un fin de semana muy movido) me preguntaba el porqué no estabas a mi lado y porqué no tenía los cojones de poder decirte lo mucho que me gustas frente a frente. Hasta que me di cuenta que sigo con el maldito miedo.
Y probablemente tu también. Si tienes miedo, no importa. Yo también me muero de miedo pero cuando estoy contigo se esfuma hasta desaparecer. Me dan ganas de darme una oportunidad más y de intentar que desaparezca por completo la timidez que por momentos me muestras. A veces pienso que estamos a solo un puente de distancia y que yo no lo quiero cruzar pero iré caminando hasta el medio y cuando llegue ojala estés ahí. Porque no solo depende de mí, sino de ti también.
Pero también tengo miedo a sentir algo más fuerte y malograr lo que tenemos ahora. Como te dije la última vez que fuimos descalzos a la playa: “a veces pienso que seríamos la pareja perfecta pero malograríamos una gran amistad, ¿no?”. Luego me sonrojé y no volví a tocar más el tema pero lo sigo pensando. Quizás fue el inconsciente el que habló pero creo que tiene razón. No quiero cagarla una vez más. No contigo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario