jueves, 10 de julio de 2008

¿Dónde estás?

Mi celular no vibra y en la computadora el llamativo naranja del messenger no se enciende desde hace un rato. El rectángulo azul del motorola (es la señal de cuando te llega un mensaje) parece convertirse en negro. Osea, casi nunca llega uno.

Antes la bandeja de entrada estaba llena, ahora está semivacía. El naranja nunca dejaba de brillar y el azul era tan fuerte que se notaba en la oscuridad. Hoy ya no. Empieza a hacer frío y se me entumecen los dedos de tan poca actividad.

Desde la Tierra siguen llamando a Marte constantemente, intentando saber sobre una marciana perdida que se robó mi corazón. Las características que dí no ayudan tampoco. Como 1.70 y verde. Tan verde que parece humana. Los policías espaciales parecen peruanos: quieren cobrar coima, así que prefiero hacerlo por mi mísmo.

Marciana, ¿Dónde estás? A veces pienso que adoptaste la forma humana y que ya te acostumbraste a estar así. Otras, te sacas el traje humano y vuelves a ser marciana conmigo. Dibujas sonrisas donde no las hay y haces fuego donde las cenizas parecían ya apagarse. Pero luego te vas y el fuego empieza a perder fuerza hasta nuevo aviso. Hasta que vuelva la marciana.

Todo empezó como jugando y con un beso. Un beso que me llevó al que fue nuestro planeta durante un tiempo. Un beso que nos dejó pensando toda una noche y que jugó a favor de nosotros (como tantas otras veces). Las ilusiones fueron diluyéndose con litros de realidad. Sé que es casi imposible, pero terminemos todo como empezó: con un beso. Con broche de oro. Después ponte el traje de humana si quieres, aunque extrañaré mucho a mi marciana.

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