domingo, 31 de agosto de 2008

Abuelas, las extraño

A una la conocí personalmente, a la otra solo la he podido ver en fotos. A una no la pude disfrutar tanto, a la otra no la pude disfrutar para nada (solo su sonrisa en las fotos). Mamá María (más conocida como ‘Chimbo’) y Mamá Angélica ya no están conmigo (aunque sea en carne y hueso) y siento que las extraño (aunque me imagino que mis papás aún más).

A ‘Chimbo’ la conocí en Huancayo cuando tenía casi siete años y como tenía asma mi papá (el querido Rigo) me dijo que ir a visitar a la abuela y estar con un mejor clima podía hacerme mejorar. Y le creí. En realidad ahora es irrelevante si me sané o no (aunque si lo hice), lo importante es que era una de las primeras veces que podía estar con mi abuela en vivo y en directo.

Disfrutaba verla y aunque ella no lo sabía, la mayoría de sonrisas que dibujé allí fueron por ella. La veía despertar tempranísimo para sacar la leche fresca de la vaca, hacer un desayuno en base a quinua y leche que pensaba que no me iba a gustar pero que hasta ahora recuerdo su sabor. Además de la vaca, tenía chanchos, cuyes y demás animales que mi memoria frágil no me permite recordar.

La ‘Chimbo’ me hacía reír. Contaba chistes que yo siendo cómplice entendía y le gustaba tanto el pollo a la brasa que a veces dudaba que criara cuyes. No la pude ver muchas veces y no tengo muchas fotografías mentales grabadas en mi memoria pero siento que la extraño. A la ‘Chimbo’ le detectaron cáncer al estómago y mi papá tuvo que viajar de urgencia por casi una semana. Estaba mal y yo quería acompañarlo, pero no podía. Malditas clases.

Felizmente nunca vi llorar a mi papá porque falleció mi abuela (o me hice el cojudo. No dicen que uno escoge sus recuerdos?). Quizás lo hizo solo y en silencio, no lo sé. Lo vi triste y acongojado y aunque dicen que con el tiempo pasa el dolor, mamá es una sola y nunca se olvida. Hasta ahora la extraña, lo sé. Y a mi manera yo también porque cada vez que veo a mi viejo, veo el alma de la ‘Chimbo’. Bondadosa, parsimoniosa y que se hace querer. Con una chispa media rara de entender. Pero eso me hace recordar que papá también hay uno solo y hay que disfrutarlo. Que para mí (a pesar de que ya voy a cumplir 21 años) sigue siendo mi héroe. Con el que jugaba pelota de chibolo, el que me enseño a regar y a pensar que lo peor que podía hacer es no soñar con ser alguien grande (y no me refiero al tamaño). Aún lo hace, aún me alienta cuando me ve sin ganas. Me hace reír cuando me ve molesto y me obliga a quererlo un poquito más. Y aunque se lo diga casi todos los días: te quiero viejo.

(Punto y aparte)

Mamá Angélica o simplemente Mamange (como siempre la escuché). No sé si mi mamá es tu copia o un boceto muy parecido pero cada vez que las veo en fotos me confundo. Hasta para la pose son iguales. La cabeza para un costado y la sonrisa a medio sentir. Los rulos por doquier y las cejas bien marcadas. Nunca te conocí y mi hermano tampoco. Solo lo pudiste cargar algunos años antes que te pusieras mal y te fuera de manera carnal pero no espiritual. Le hiciste canchas de fútbol a Carloncho y aunque el aún no sabía lo que era, el ruloso (de ese tiempo) te lo agradece.

Pasan los años pero lo increíble es que la familia no te olvida. Es más, creo que los discurso cada año se ponen más ‘feelings’. Mi abuelo cada vez siente más tu ausencia y te extraña un poquito más y tus seis hijos (mi mamá y mis tíos) te recuerdan con cariño.

No puedo recordarte pero si pensarte y cuando veo a la gorda (mi mamá) te imagino igual. Mamá pollera hasta decir basta, con el cordón umbilical sin cortar a pesar que tus hijos ya vayan a cumplir 30 años y estén a punto de casarse. Mi mamá es igual. Nos hace el desayuno, nos llama para ver si estamos bien sea la hora que sea (así esté en tonos o solo en el trabajo), ve si nuestra ropa está planchada o estamos saliendo como dormimos, entra a nuestro cuarto en las madrugadas para ver si estamos abrigados y nos mima demasiado. En serio que demasiado.

Creo que es la mamá que más suda la camiseta. Ahora son más light pero la gorda es más a la antigua y no me quejo. La quiero como es, con sus virtudes y sus defectos, con sus gritos y con sus arranques de cariño donde te llena a besos, con sus sopas características y con sus preciosos ojos verdes, con sus ganas de bailar y a veces de seguir gritando. Y seguro que si mi mamá es así es porque mi abuela tuvo que ver.

Solo me queda agradecerle a mis abuelas por los papás que me dieron y aunque no estén conmigo físicamente, siento que lo están cuando veo a mis papás. Y puede estar orgullosas, eh. Dicen que uno no elige su familia, pero si yo lo tuviera que hacer los eligiría a ellos de nuevo. A la misma mamá, al mismo papá y al mismo hermano. Porque cada uno me enseñó (y lo sigue haciendo a su forma) lo que es vivir. Con ustedes me siento completo y feliz. Con la gorda que me engríe todos los días, con mi héroe descansando en la casa (pero ya feliz y tranquilo) y con mi hermano que sigue demostrándome todos los días que uno puede conseguir lo que le dé la gana mientras quiera. Así le tengas que dar la contra a todo el mundo, así te tengas que amanecer 10 noches seguidas o tengas una agenda tan apretada que no puedas ver a tu enamorada.

La conclusión a la que me lleva es que no hay que dejar pasar el tiempo y si tienes a tu mamá y a tu papá juntos repetirle mil veces si puedes que los quieres porque no sabes cuando tiempo los tendrás cerca. Estoy seguro que los míos pueden estar tranquilos porque de una y mil formas mis abuelas sabían como las querían y yo también puedo estar tranquilo porque se los hice saber. Ahora tengo una tarea pendiente. No desaprovechar el tiempo que tengo con el único abuelo vivo que tengo (mi abuelo Ernesto también se fue y aún extraño sentarme en sus piernas para coger su barbita mal afeitada que me hacía cosquillas y reír. Cuando se fue, vi a mi papá llorar por primera vez) mientras vive conmigo en mi casa y sacarle el jugo a todo lo que ha vivido y a todo lo que yo le puedo dar como nieto (que no creo que sea mucho, pero bueno).

Cada minuto, cada palabra y cada gesto cuenta. Hay que aprovechar el tiempo.

1 comentario:

Bee dijo...

en una parte hablas muy lindo de tu papa... me gustaria poder decir lo mismo o tener un recuerdo asi