martes, 2 de diciembre de 2008

Las cosas que uno hace



Según la real academia española, la palabra amor tiene 10 significados. Yo solo me quedo con dos. El primero dicta de “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Osea, eres tan weberto que eres insuficiente de estar solo y necesitas a otra persona. Bah, mala explicación. El segundo significado se asemeja un poco más a la realidad. “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”. Este es más lógico. Acá hay sentimiento hacia otra persona, reciprocidad para estar (porque si no siente lo mismo que tú te estaría mintiendo), te completa, alegra, energía, te comunicas y creas.

Es verdad. Totalmente. Todo el segundo significado. El amor es un sentimiento que no te toca la puerta ni te pide permiso, simplemente nace. No tiene explicación. ¿Cómo se manifiesta? Tiene distintas formas. Preocúpate cuando hables con ella y sientas nervios, tus manos empiecen a sudar y te quedes sin tema de conversación. Presta atención cuando la mires a los ojos y en tu cabeza una voz interior retumbe como cojudo “¿Por qué carajo es tan linda?”. Que cuando caminen juntos te mueras de ganas de abrazarla pero tengas que amarrarte sin soga las manos para evitarlo. Que te quedes colgado horas de horas viendo sus fotos mientras una sonrisa kolynos se escapa poco a poco. Que dentro de una de las clásicas conversas te nazca el “tu eres diferente”. Ahí ya estás recontra cagado. Estás empezando a sentir algo aunque seas una máquina de negación. “Tsssss, es solo mi pata”. Ese no, no sirve. No es amor, pero es el comienzo.

El amor nos completa, nos alegra, nos da energía para convivir (vivir y hasta revivir), comunicarnos y crear. Cierto. Muy cierto. Con tu media naranja, media toronja, media manzana, te sientes una mejor persona. Te sientes cómodo, sin roche, el mejor TÚ sale a flote sin darse cuenta. Es algo innato. Sales con una sonrisa de oreja a oreja a la calle, la mirada desorbitada y tu pensamiento en otro planeta. En el planeta de ella. La gente voltea estupidizada y piensa “¿se habrá fumado un wyro?”. No. Está enamorado. Así de simple. Con ella puedes hablar de cualquier tema y no tendrás roches, los líos que antes parecían imposibles de arreglar, con ella serán facilísimos porque existe voluntad. Ganas de hablarlo, ganas de arreglarlo. Siempre. Pero sobretodo los hombres cuando están enamorados, ilusionados hasta los tuétanos nos ponemos bien creativos. Crear entra a nuestro diccionario y nos amaestra en el cuidadoso arte de detalles para poder arrancar una sonrisa y el beso esperado.

Inventamos caminos de halls al mismo estilo de Hansel y Gretel por toda la casa hasta que encuentre un mensaje secreto con una foto de los dos en blanco y negro. Creamos días especiales para celebrárselos exclusivamente. Una fiesta VIP con globos, guirnaldas, estrellas pegadas en el cielo de nuestro cuarto y un moño gigante abrochado en la cabeza. Sí, yo soy el regalo. Solo para ti (bien misio el regalo,¿no?je!).

También compramos cd’s originales, los sincronizamos para que la canción perfecta empiece a sonar cuando la haga entrar con los ojos vendados al lugar secreto. Dejar que sus verdes ojos florezcan y vean que en el piso hay un corazón formado por cartas que tiene una letra escrita. Letras que cuando se ven completas se leen los nombres de ambos con un espacio en blanco esperando a ser llenado con la letra Y para confirmar la unión. Que la canción plasme el cuanto te mueres por estar por con esa persona. Que en cada una de las cartas haya letras de canciones por las que te pasaste toda una madrugada buscándolas y cantándolas a voz en cuello pero que te hace recordar que es única. Que te quedes como niño taradito en el rincón del cuarto mordiéndote las uñas para saber si llenara la bendita carta en blanco o no, para sentirte la persona más feliz del mundo cuando pregunta con una ternura inusual “¿Dónde está el lapicero?”.

También creamos detalles muy propios como un salvapantallas donde salgamos los dos, un collage de fotos en la compu que con letra de inicial dice cuanto la quieres, peluches con nombres increíbles como Manny, Tracy, Cupído. Ponerme un polo que dice 100% fiel y abstenerse jugadoras en plena universidad y (de vez en cuando) cuando juego fútbol. Así bien sexy. Recontra macho que se respeta. O ir a pedir perdón desesperado en el carro a mil por hora, llegar y regalarle un Pooh con pinta de marciano porque sientes que ella es de otro planeta. De tu planeta y que no la quieres perder. Regalarle una rosa más por cada mes que cumplen. Comprarle ese chocolate tan difícil de encontrar pero que no te importa mandarte el tripzazo hasta Arequipa para traérselo con tal de ver su linda sonrisa.

Cortar 365 estrellitas y encontrar 365 razones para explicar porque la amas tanto. Al final al día siguiente no puedes mover ni el brazo de tanto cortar y escribir pero con la satisfacción que la hiciste tan especial como es para ti. También ir a un cartel y pintar con spray debajo del vallas donde vallas “siempre estaré contigo” y tomarte una foto que fue una hazaña porque al final el serenazgo te persiguió por toda la avenida del ejército por ser un chibolo faltoso que pinta las publicidades.

También armar fiestas sorpresas para que cuando le dices a la sorprendida que vaya a la casa se rebele peor que Túpac Amaru y te diga “NO VOY A IR, ¿NO ENTIENDES?” y le tengas que decir que le estabas preparando una fiesta sorpresa pero que evidentemente ya la cagó. O también demostrarle que no te importa que esté a miles de kilómetros de distancia haciéndole un mapa del Perú que tenga un corazón gigante pegado de Lima a Tacna que diga “Para nuestro amor no existen distancias”.

O escribir en tu blog que es lo que sientes por ella en líneas que pensaste que nunca saldrían pero que hizo nacer con naturalidad y sin esfuerzo. Hay mil y un formas de demostrar cuanto quieres a una persona cuando el amor te tiene bajo su hipnosis romanticota de la que todos hemos sido víctimas. Los hombres hasta nos ponemos en su lugar para saber si le gustará o no. Imagínense que ridículo puede ser eso pero son las cosas que hacemos. El amor es como subirse a una moto despojado de todo arnés, acelerar lo más que puedas antes de una rampa y lanzarte al vacío. A veces caes parado, otras te rompes huesos, cartílagos y hasta el corazón. Somos capaces que hacer piruetas con artefactos que no sabemos con tal de hacerlas sentir únicas. ¿Cuál es tu forma de demostrarlo?

domingo, 23 de noviembre de 2008

Mi primer rebote

Tenía una cita obligada con la verdad. Peor que esas con el dentista o el dermatólogo. Todo ya estaba pactado para afrontar una realidad que trataba de esquivar con mi cintura un poco regordeta. Era jueves y bordeaban las cuatro de la tarde. En la ducha repetía letras de canciones que me daban arengas imaginarias para que no me rinda ni retroceda en mi confesión. El agua parecía estar a una temperatura perfecta y el jabón líquido tenía un aroma embriagador. Temprano, un mensaje suyo me había despertado de buen humor a pesar de la borrachera de la noche anterior. Las letritas brillantes me daban un poco más de confianza para tirarme a una piscina sin agua a donde iba a de cabeza y sin casco (pero si con seguro de vida).

Yo no soy practicante de ese deporte que se llama lanzamiento de uno mismo. Donde se despojan de los sentimientos (a veces falsos o trucados) tan fácil como las vedettes se sacan la ropa. No creo tener las cualidades tampoco. Las ganas y el desparpajo, menos. Me sorprende cuando veo a alguien que suelto de huesos le dice a la acompañante de turno: “Flax, me gustas mucho. Desde la primera vez que te vi”, intenta besarla y rebota peor que pelota de yases. Dos minutos después se hace el cojudo, la baraja e inventa cualquier excusa para salir a la atropellada. Él es deportista calificado del lanzamiento de uno mismo. Tiene su sello. Y así hay varios, hasta selección nacional. Aparte de ser un faltoso. ¿Flax?

No creo que los sentimientos sean tan volubles como para cambiar en cuestión de días pero algunos hacen lo que sea con tal de ‘pescar’ algo. Yo no. Esta fue la primera vez que le confesaba a alguien que me gustaba…sabiendo que ella no sentía lo mismo que yo. Iba a quedarme callado y con la típica risita nerviosa. Pensaba que era lo mejor no dar a conocer lo que en realidad sentía cuando la veía. Esa ligera emoción cuando venía a saludarme o la sonrisa que se escapaba cuando me era inevitable hablar sobre ella. Cuando supe que ella me veía como un amigo más intenté disfrazar mis sentimientos con mentiras. “Bah, fue una simple ilusión. Un gustito que no hace daño. Ya pasará”, pensaba en voz alta queriendo convencerme. Patrañas. Me sentía una porquería y traté de no darle vueltas al tema.

Empecé el proceso de negación de mala manera. Hice cosas que ahora me arrepiento, ‘jugué’ con personas y sentimientos que no debía por sentirme mejor. Para poder decir con el pecho inflado“Tssss, ella se lo pierde”. Egoísmo le dicen. Otros lo conocen como despecho. Dale la definición que quieras, el punto es que lo hice y no me siento orgulloso al respecto. Me metí en laberintos de los que aún no puedo salir por completo y que no me dejan tranquilo. Fui un patán, un pendejo, un perro, un frívolo. Estaba cegado, no quería aceptar que no era solo un gustito. A pesar de todas las veces que escuche “No le gustas” de una de mis mejores amigas, estaba terquísimo. No quería aceptarlo. Necesitaba escucharlo de ella misma a pesar que sabía que no me estaban mintiendo. Era el acusado que necesitaba saber su sentencia a cadena perpetua para ir a la cárcel del olvido. Quería experimentarlo yo y de paso sacarme ese sentimiento atragantado de cariño. Necesitaba decirle mirándola a los ojos: “Me gustas”. Así fuera tirarse a la piscina sin agua.



La esperé cerca de la iglesia y aunque se demoró un poco la ola de nervios ya estaba superada. Fuimos a comer helados. Ella pidió un banana split pero solo terminó el split. La banana no fue de su agrado a pesar de ser una de las tres únicas frutas que come. “Con helado no va”. Jaa!, Me hizo sonreír. En cambio, yo si me había empujado mis nueve bolas de helado con un hambre voraz propia de un Tiranosaurio Rex. Hablamos de los trabajos, nos pastruleamos jodido con una imagen en 3D que me hizo recordar los años donde no existían preocupaciones (y detalles como que mi vieja me terminara calentando el helado en la olla), casi y me empuja para saludar a un compañero de colegio y hubo una llamada intrusa que se vio interrumpida por la falta de batería de mi celular. Fuimos a comprar una botella de agua Cristalina (la San Luis es pésima) y empezamos la caminata 5K. Casi una maratón, lo malo es que nadie nos auspiciaba. Adidas, Nike, Zapatillas Nazaro, los extrañamos.

Sin rumbo definido, seguimos con la amena conversación. Me contó a su manera quien le gustaba, lo que había pasado con esa persona y las dudas que aún tenía. Mientras hablaba no sentía puñaladas en el corazón ni una pizca de tristeza. Extraño para ser sincero pero mi aura amical prevaleció y opiné con descaro. Fui objetivo creo yo. A pesar que conozco al pata y que me parecía una perrada lo que le había hecho intenté maquillarlo con cyzone. “Te mereces mucho más”, me daban ganas de decirle pero apretaba el puño y me callaba. Víctima de la trampa del plan ‘tanteo’, se dio cuenta un poco tarde de que las frases en doble sentido tenían un fin.
Estábamos en el malecón rodeados de parejas de enamorados repitiendo besos innumerables mientras nosotros aplaudíamos como focas amaestradas. “Para eso no vinimos al malecón,no?”, me preguntaba entre risas. Me confesó su última historia amorosa con final pugilístico (le pegó al que hasta ese momento era su enamorado y a la buena ‘amiga’ con la que le sacó la vuelta) y vi uno de los motivos principales por los que tenía miedo de empezar algo de nuevo. La marca del ‘zorro’ había sido demasiado honda. Aún no había cicatrizado del todo. Mientras yo le repetía que el afortunado que se sacara la tinka con ella no cabría en sí mismo de la felicidad, movía sus rulos al compás del viento.

Ya bordeábamos el cuarto kilómetro y me di cuenta que estaba evadiendo el motivo de salida. Es más, ella misma lo reclamaba. “Oye, cuéntame de la chica pues”, decía tratando de ocultar que ya lo sabía. “Bah, ni siquiera me da la hora. Le pregunto cuál es el color del caballo blanco de San Martín y no me responde”, ironizaba mientras ella se reía nerviosamente. Empecé a relatar mi discurso casi preparado y los decibeles de mi voz subían y bajaban por los nervios. Ya estaba cerca. Casi en la puerta del estadio Niño Bonilla me comporté como el nombre del estadio. Como un niño. Había llegado al clímax. Era el momento. Dejé a rienda suelta a mis sentimientos y con la voz entrecortada le dije: “A pesar que sé que no le gusto, quiero decírselo porque no quiero quedarme con el sentimiento atragantado”. La cogí del brazo, la miré a los ojos y le dije “me gustas”. El pudor se apoderó de mí y me volteé sin pensarlo pero me abrazó y calmó mi sentimiento de culpa. Me sentía estúpido, arrochado y un poco arrepentido pero sus manos fueron como si mi mamá me abrazara y me dijera “Ya hijito, ya la cagaste. Que vas a hacer?”. Caminamos unos metros y me dijo que le parecía ‘lindísimo’ pero que me veía solo como un amigo. Lindísimo es un adjetivo muy usado con los perros, gatos o animales. Me sentí parte de la fauna viendo como la gacela corría a una velocidad distinta a la mía.

No me sobraban motivos para que me guste. Es linda, atractiva y una gran persona pero siempre la tuve relativamente cerca y nunca me había llamado la atención, hasta que entre una conversación microfónica me di cuenta de nuestra afinidad. Con el paso de los días sus rulos y su sonrisa se repetían como ‘flashback’ en mi cabeza y mientras más negaba que me gustaba, más lo hacía. Solo me quedaba repetir el D’oh! que hace Homero Simpson cuando algo le sale mal. Menos la quería recordar, más lo hacía. D’oh! doble. Homero de mierda.


Nos sentamos en una banquita miraflorina mirando las estrellas y el mar que por la hora se veía negro. Mientras meditaba si había hecho lo correcto o era lo más estúpido de mi vida gracias a mi sinceridad extrema, descansábamos de la maratón concluida. Vejigas jodidas apuraron el viaje de regreso y viajamos por todo Lima para llegar a su casa. Le di un beso en el cachete y un abrazo en la despedida y subí a mi sexy station wagon verde para sufrir el interminable regreso a casa. Derrotado, sin armas. Parecía volver de un velorio donde me habían velado a mí. Mientras las calles pasaban sin mucho sentido y cruzaba el puente que une la ciudad, la distancia entre los dos se hacía cada vez más grande. El puente se alargaba interminablemente y del alivio pasé a la angustia en menos de dos segundos. La pregunta de si habré hecho lo correcto retumbaba en mi cabeza como un potente aneurisma y aún lo hace. Y la verdad es que no lo sé. Solo el sabio tiempo me responderá esa pregunta.

Me gané la irresoluta admiración de algunas personas por mi sinceridad mientras otras me colgaban la medalla de oro por el colmo a la estupidez. “Campeonaste primito. En serio. Ha sido lo peor que has hecho”. Gracias por tanto cariño, pero dentro de mí yo alzaba la mirada porque por lo menos ya no me quedaba ni una pizca de duda. Me hubiera gustado ser la primera persona en regalarle una rosa (y saber que sentiría), de hacerle un cd con música que le guste pero todas los probables ya están enterrados. Yo no soy su príncipe de ningún color ni ella quiso aceptar el rol protagónico de mi película. Tengo sentimientos encontrados. Quizás hice mal pero ahora ya lo sé de su boca. Lo malo es que quizás la incomodad se desborde y la amistad que había nacido entre los dos se marchite. Espero que no. En serio que no.


domingo, 9 de noviembre de 2008

Noche de certezas

Es sábado por la noche y aunque últimamente me he vuelto hogareño las ganas de salir se apoderaron de toda mi anatomía y empecé a bailar con música mental que estaba a todo volumen. La llamada de dos amigos que perturbaron mi tranquilidad y me metieron el ‘bichito’ de dos chelitas fueron los culpables de mi escape. “Oe Angelo, vas a venir o no? Vamos a estar en Miraflores. Son dos chelas nada más”. Pero dos ‘chelitas’ no son solo dos. Eso es floro. Un vil dicho. Dos son cuatro. Y cuatro y dos son seis. Y así corren las cervezas hasta que pierdes la cuenta. Y yo que no quiero.

No me cambié mucho ni me arreglé (me ganó la flojera) y fui con un polo un poco faltoso para salir a ‘cazar’ (tenía una pose kamasutriana caletamente escondida en una letra del abecedario). Llegué al bar y mientras veía como el par de idiotas jugaban golpeado, a mi me daban ganas de golpearlos. Empezaron a correr las cervezas, los insólitos planes de conquista y un juego que tuvo como resultado final que todos estuviéramos bien ‘mamados’.

En zig-zag enrumbamos a una discoteca donde habían más turistas que peruanos (claro que los locales eran ‘bricheros’, incluyéndome). Entre el humo y las altísimas ondas sonoras empecé a hablar con Sarah, una inglesa que tranquilamente podía ser confundida con una actriz famosa o una modelo. Ella era la razón de mi sonrisa estupidizada y mis ‘pilas’ que fueron descargándose poco a poco con el transcurrir de los minutos cuando reaccioné, recordé que los chanchos no vuelan y que aunque sea un beso de la ‘barbie’ de carne y hueso era un albur que solo ocurriría en mis sueños.

Con moral baja pero con el vaso lleno de cerveza gritábamos como quinceañeras alocadas, canciones ochentenas hasta que ocurrió lo impensado. A mi lado había una chica, de cabello ondeados y con unos ojos caramelo preciosos. Ni la había visto para ser sincero hasta que a uno de mis acompañantes de turno la susodicha le hizo una pregunta que nos sacó de ‘cuadro’. “¿Algunos de ustedes sabe bailar salsa?”. Nos miramos los tres, la miramos a ella y (para variar) me vendieron descaradamente. “Yo no mucho la verdad, pero él sí (señalándome con el dedo del delito)”, dijo uno de ellos que al instante tuvo el apoyo incondicional del otro. “Sí en realidad, él es el que más sabe”. Me habían vendido como un gran partido mientras yo me preguntaba cuando me había convertido en un neófito de la salsa cubana y las vueltas incesantes.

Ella me miró a los ojos como diciendo ¿vamos?, pero en mi cabeza aparecieron como película de terror con fotogramas instantáneas incluido los laberintos sentimentales en los que me había metido. Uno a uno. Capítulo por capítulo en un cerrar de ojos. Me ruboricé ante la atención mostrada y me hice literalmente el cojudo al decir atragantándome con la cerveza que “en realidad no bailo muy bien. Mejor baila con el chico que estaba babeando a tu lado”. No estoy para bailar en la charanga habanera pero me defiendo. De hecho, si no bailara bien, no importa. Hubiera hecho el intento de seguir sus coordinados pasos con tal de que siguiera mirándome a los ojos pero no lo hice. Suficiente de laberintos. Tampoco estoy diciendo que se derretía por mí (ni que fuera cieguita), solo habíamos cruzado miradas y un par de palabras pero preferí dejarlo todo ahí aunque después me arrepintiera (y hice en algún momento). Basta de problemas.

Mi intento de alejarla funcionó y mi miedo de hacerle daño a alguien de nuevo desapareció con el humo del cigarrillo. Un rato después la música paró por el bendito plan ‘zanahoria’ y tuve que enrumbar a un destino distinto al de la chica de los ojos caramelo. No sé si hubiera pasado algo (no trasciende tampoco), quizás hubiera sido un par de bailes sin ‘clic’ de por medio pero igual preferí evitarlo. Podrido de sentirme mal conmigo mismo cuando me reclaman detalles, cosas, preguntas incómodas, respuestas sin coherencia y actos sin voluntad, decidí sacarme un tiempo del mercado amoroso. A pesar que sé que no soy una pérdida invalorable que se hará extrañar siento que es lo mejor para la sociedad y para mí. No quiero hacerle daño a nadie por lo que de ahora en adelante no sé bailar salsa ni axé ni perreo chacalonero. No jodan, basta de laberintos. Primero déjenme salir de los estoy metido y después bailo hasta negroide.

lunes, 6 de octubre de 2008

Miedo a sentir

Aún no sé si has leído lo que escribí pero si lo hiciste te debes haber dado cuenta que es para ti. Por lo que dije, por como me siento, por todo. Me imagino (pienso y creo) que sientes miedo. Estás ‘frikeada’ o media palteada conmigo. Y yo también lo estaría si fuera tú (no te culpo) pero estás haciendo justamente lo que no quería. Que te alejaras. Caletamente (según tú), pero te estás alejando. Pocas palabras, miradas esquivas y algo entre incomodidad y presión es lo que (creo) que está pasando.

Nunca se me cruzó por la cabeza que las sonrisas más impensadas y que comentarios ilusionados serían por ti. En serio. Siempre te vi como mi amiga, como mi ‘causa’, con la que puedo hablar de cualquier cosa y no habrá problema. Que le puedo contar algo tan publicable como lo que hice ayer por la noche pero también lo que pasa por mi cabeza. Mis sentimientos más escondidos, mis emociones más extrañas, mis relaciones más complicadas y mis peores defectos.

Desde que empezamos a hablar seguido (un par de meses atrás) fuiste como un soplo de aire fresco. Una brisa que intenta llevarme a su ritmo (pero que por ratos se convierte en huracán). Una capitana que me invitó a subir a su barco sin destino definido. Que se puso el gorro blanco, se lo aseguró bien y en vez de coger el timón, se sentó a mi lado para dejarse llevar por el mar. Que no le importaba a donde fuéramos mientras sea conmigo.

Tenemos percepciones parecidas y las noches se empezaron a hacer divertidas. Seguro por eso es que te empiezo a extrañar. Seguro por eso veo tu sonrisa cuando no debería y que cuando cierro los ojos recuerdo cuando fue la última vez que estuvimos juntos. Tu cerquillo a medio lado en tu cabello lacio, polito a rayas y tus ojos caramelo que tanto me gustan. Lo que pediste mientras cenábamos y la delicada forma de coger los cubiertos. Como reías y el abrazo al despedirnos.

Me gustas, ya no lo puedo seguir negando. Hace menos de 100 horas nos vimos de nuevo y lo confirmé. Por más que lo trate de negar o ignorar, la verdad me rebota como pelota de ping pong: me gustas. Cuando estuve toneando el viernes y el sábado (en un fin de semana muy movido) me preguntaba el porqué no estabas a mi lado y porqué no tenía los cojones de poder decirte lo mucho que me gustas frente a frente. Hasta que me di cuenta que sigo con el maldito miedo.

Y probablemente tu también. Si tienes miedo, no importa. Yo también me muero de miedo pero cuando estoy contigo se esfuma hasta desaparecer. Me dan ganas de darme una oportunidad más y de intentar que desaparezca por completo la timidez que por momentos me muestras. A veces pienso que estamos a solo un puente de distancia y que yo no lo quiero cruzar pero iré caminando hasta el medio y cuando llegue ojala estés ahí. Porque no solo depende de mí, sino de ti también.

Pero también tengo miedo a sentir algo más fuerte y malograr lo que tenemos ahora. Como te dije la última vez que fuimos descalzos a la playa: “a veces pienso que seríamos la pareja perfecta pero malograríamos una gran amistad, ¿no?”. Luego me sonrojé y no volví a tocar más el tema pero lo sigo pensando. Quizás fue el inconsciente el que habló pero creo que tiene razón. No quiero cagarla una vez más. No contigo.

jueves, 2 de octubre de 2008

No te alejes

En algunos post anteriores hacía oda a mi soledad y renegaba de mi maldita rutina, pero los tiempos de vientos huracanados donde la rabia y el ceño fruncido eran moneda de todos los días parecen haber pasado y ahora han sido cambiados por una suave brisa que me acompaña mientras camino a cualquier lugar.

Ese fantasma gigante llamado miedo aún me sigue a todas partes, pero poco a poco su sombra se va minimizando (y espero que lo haga hasta desaparecer). Mi sonrisa ya no solo tiene motivos por bromas, chapas o un ‘blooper’ de algunos de mis compañeros de trabajo sino que tú también te has acoplado caletamente entre mis ‘tops’. Recordar y suspirar como idiota no ha sido mi costumbre en los últimos meses pero gracias a ti siento que la rutina no es tan pesada y que mi soledad está empezando a desaparecer.

No estaba en plan de búsqueda pero apareciste de casualidad. Para quitarme todos los peros de la boca y de la cabeza y cambiarlos por certezas. Supuestamente nuestros signos zodiacales paran ‘mechados’ pero tu ascendencia (a no sé qué!) hacen que mi corazón empiece a latir un poco más rápido.

Pensaba que alguien se había llevado la llave del que (pensaba hasta hace pòco) era solo un órgano que bombeaba sangre y que me mantenía vivo pero que hace poco me ratificó su condición de corazón y de poder albergar sentimientos. No siento algo tan fuerte como para decir que estoy enamorado de ti, pero tampoco puedo negar que el pensarte hace que se me escarapele el cuerpo. Que un extraño cosquilleo se empiece a apoderar de mí y que la ansiedad me carcoma las entrañas mientras no puedo hablar contigo. Que cuando salga al paradero tenga ganas de ir a tu casa aunque esté al lado opuesto de mi destino.

Aún no te he visto de nuevo (aunque muero de ganas). Nunca hemos estado ni ha pasado nada entre nosotros pero la ilusión que estaba desvanecida empezó a tomar color y fuerza de nuevo. La inspiración que tanto pensaba que se había ido de mi lado sin siquiera despedirse de lejitos, ha vuelto (y para ser sincero espero que no se vaya más). Quiero se queda a mi lado (y tu también). Por eso es que no quiero intentar algo con nadie. Porque mientras tu reniegas yo hasta me paro de cabeza para que se te pase, porque mientras sueñas con los angelitos yo te estoy escribiendo esto.

No creo ser un Adonis ni tener convincentes armas seductoras (a pesar de que uso AXE ah!) pero lo intentaré a mi manera. Siendo yo mismo y tratando de hacerte sentir lo especial que eres. No quisiera que lo nuestro (si es que pasa) dure un mes ni que seas un recuerdo más. Te invito a que empieces a ser mi presente y mi futuro…Ojala algún día tenga el suficiente valor para decirte que leas estas líneas (porque son para ti). Solo te pido por ahora que no te alejes.

Pd: Pueden opinar libremente. Si tu fueras la persona que quiero que lea esto, que pensarías y que me dirías? (no es para ti Sebastián, no seas cabro. No respondas.jaja!).

domingo, 28 de septiembre de 2008

La persona ideal

Más importante que el encontrar la carrera, el plato de comida favorito o el cuaderno que más te gusta es encontrar la chica perfecta (o el chico). Porque probablemente cuando cumples cierta edad (ahora tengo 20) ya tengas definido todo lo antes mencionado pero sientes que te falta algo. Que no estás vacío pero tampoco lleno. Y yo me siento así.

Tengo definida mi carrera (lo que quiero hacer toda mi vida y por lo que me pagarán bien y no la mierda que recibo ahorita), tengo mi plato favorito y mi casaca especial. Mi perfume que nunca falla y las tabas que me hacen más alto. Tengo casa, comida y carro. Al parecer tengo todo pero (insisto) falta algo. Le doy vueltas al asunto hasta que entre las sombras aparece la respuesta (gracias a alguien que me enseñó la luz sin querer queriendo en una conversación que se definiría entre radiofónica y microfónica.Já!). No falta algo, sino alguien.

Durante seis años (creo que es la primera vez que lo menciono) estuve perdidamente enamorado de mi mejor amiga (que al final fue mi enamorada durante casi un año) pero por cosas mías, de ella, del destino, de un viaje y de un par de extra bonus, terminamos. Sentí que el mundo se me había caído por completo. Que algo me había chancado la cabeza y que había adormilado el 2% de mi cerebro que tengo activo. Sentí que era un mal sueño, una pesadilla, entre otras cosas. El punto es que pensé (y por ratos sigo pensando) que no me voy a enamorar más. Y probablemente sea así hasta que no supere el maldito miedo que tengo de enamorarme.

A sentir ese alguito más. Esa aceleración del corazón cuando la ves (que no es floro), a esas maripositas en el estómago (que a veces parecen culebras), a esa sensación de máquina colgada cuando terminas de darle un beso. De hablar de ella hasta por gusto o que cualquier tontería termine por hacerte recordarla o que cuando están de la mano te sientes el hombre más feliz y afortunado del mundo (por más estúpido que suene, y por más que tu flaca no se parezca a Amy Smart).

Luego te ves ahora, solo, suspirando como cojudo cuando una pareja se besa con sentimiento o maldiciendo al que pasa por tu costado porque tiene enamorada y tu no, y te das cuenta que algo pasa. Lo confieso solemnemente: TENGO MIEDO DE ENAMORARME DE NUEVO. ¿Por qué? Por malas experiencias, obviamente. Por miedo a salir lastimado, por no querer comprometerme tanto, por el terror a no colmar las expectativas de la otra persona. Porque haces una retrospectiva y sientes que muchas de las lágrimas que derramaste en tu vida no tenían sentido ni valían la pena. Porque sientes que no te valoraron como debieron o porque le pusiste unos cachos del tamaño del estadio Monumental y tienes miedo de ser un pendejo eternamente.

Tengo miles de razones para sentir miedo de enamorarme de nuevo pero el más fuerte es el de salir lastimado. Porque ya pasaron nueve meses desde que terminé con la persona que más amé en mi vida y aún no siento que haya un reemplazo visible (aunque suene fea la palabra reemplazo). Veo probables candidatas (como rico,no?jaja!) y les busco todos los peros imaginables. Muy chata- muy alta, muy gorda- muy flaca, muy loca- demasiado tranquila, que vive muy lejos –muy cerca, que no le gusta salir a tonear- que es demasiado tonera, que no me va a entender, que es obsesiva y todos los peros posibles.

Sé que suena feo, pero es verdad. Estoy en esa etapa donde el estar con alguien me parece más un peso que un alivio. Que voy a estar con una maleta cargada con mis problemas más líos sentimentales para los cuales (por ahora) no tengo tiempo. Que me voy a sentir ahogado ya que (por ahí) no podría salir con la misma libertad que tengo ahora o porque tengo la “obligación” de verla. Durante una época pensé que mientras más la veo más la quiero, pero es al contrario. Mientras más la veo más me desespera, más me pasa de vueltas y veo más defectos. Cada uno debe tener su propio espacio. Por eso ahora pienso lo contrario. Que verla una o dos veces por semana está bien. Que puede salir con sus patas y yo con mis amigas y no hay lío para ninguno (antes no me cuadraba mucho la idea ni a ella tampoco la verdad. Sí, soy un poco celoso pero ya estamos trabajando en eso. Es algo más de confianza de pareja creo). Tengo mis teorías pero aún no me siento listo para ponerlas en práctica (tampoco hay con quien). Siento que en estos meses casi solo (estuve con dos personas pero fueron relaciones un poco fugaces) he entendido muchas cosas que antes no lo hacía y creo que mi terquedad no ayudaba. Desde afuera se ve todo mucho mejor, pero aún siento miedo. Mucho miedo.

Ahora hay otro gran problema. Todos buscamos a la persona perfecta cuando en realidad no existe. No hay Brad Pitts (solo Brad Pizzas) ni Jennifer Anistons (solo Leysi Suárez o Karen Dejos). Todos buscan ojos verdes o pardos, la piel perfecta y las curvas exuberantes cuando la gravedad en algunos años se la quitará. Y que además de tener pinta de actor de telenovela colombiana, tenga un gran corazón y que sea una buena persona. Yo creo que las dos últimas son muchísimo más importantes que las anteriores mencionadas. No todo lo visible es lo que importa. Por lo menos a mí no. Yo solo pido algunas cosas que son posibles: que me entienda siempre (o casi siempre. Por lo menos que tenga la voluntad. Las ganas valen) y que me quiera como soy (porque es casi imposible hacer cambiar a una persona en algunos detalles. Mejor es aceptarla como es, con sus virtudes y sus defectos). Lo demás viene con los antes mencionado, es como un plus incorporado (una plusvalía en términos económicos). Con esos dos factores primarios todo irá viento en popa, de eso estoy seguro.

Pero eso no pasará hasta dentro de algún tiempo porque yo alejo a todos (sin excepción). Quiero a alguien que entienda lo que paso ahorita. Que quiero que todo vaya a ritmo de pasos de bebé (a pesar que la ilusión a veces me juega malas pasadas y me imagino casados, con casa, hijos y hasta con perro), que nos conozcamos poco a poco y que veamos si en realidad la empatía y la química que tenemos sea factible dentro de una relación. Porque me puede gustar o parecer linda y la relación va a ser una mierda igual. Que me guste (o tenga “ondas” con ella como dice una amiga. Ke wina!) no signifique que va a funcionar.

No quiero que piense igual que yo, pero si que tengamos objetivos masomenos comunes, que le guste cosas que yo ni sabía que existían (para que me haga probar nuevas cosas) pero que disfrute algunas otras conmigo (como el cine, teatro, etc). Quiero una compañera antes que una enamorada, porque al fin y al cabo de eso se trata. Que podamos hablar de todo sin temas tabúes, que podamos jugar cualquier tontera sin temor a que alguno piense que el otro es un niño, que me ayudé a estudiar o yo a ella, que yo esté cuando más me necesite o ella cuando yo la pida a gritos con mi telepatía. Que me haga reír, que sea real conmigo siempre (cero caretas) y que le guste lo que cocino (en realidad cocino bien. Si o no primita?).

No busco la mujer perfecta ni mucho menos. Quiero que tenga defectos: que sea terca como una mula, que sea dispersa o que se concentre en todo, que no baile bien axé o salsa o que su caligrafía no sea la mejor. Porque si fuera perfecta sería aburrido. Tú aprendes a querer los defectos y hasta los encuentras tiernos (porque la hacen humana).

No estoy en plan de búsqueda pero este post me ayudó a pensar que en realidad idealizamos todo. Hasta como conocerla (o). Pinchemos nuestra burbuja y llamemos a Houston para que nos lleve al planeta tierra. No existe nadie “ideal”. Esa idea está en la cabeza de cada uno y que nos lleva la mayoría de veces a equivocarnos.

Por mientras, yo seguiré pensando que no existe nadie ideal. Yo quiero a alguien real, que se muestre conmigo siempre tal y como es. Que me quiera y me trate de entender. Que su sonrisa me contagie y que su mirada me ponga nervioso. Cuando sienta esa mirada que me electriza de nuevo, lo sabré (creo que hace unos días lo sentí pero aún no la he visto de nuevo). No me quiero ilusionar pero si lo hacemos juntos, no estaría mal. Siento que de a pocos ese vacío que mencioné al principio se está empezando a llenar.

Pd: Disculpen por hacerlos leer todo esto pero si existe la mujer perfecta: es mi mamá! Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida, los ojos verdes (con un girasol adentro) más cautivadores que conozco, el pelo ensortijado más lindo, la sonrisa más sincera, además de ser la persona más amorosa y engreidora del mundo. Que me quiere como soy. Quizás por eso dicen que uno siempre busca a alguien que se parezca a su mamá para casarse. Espero encontrarla.

domingo, 31 de agosto de 2008

Abuelas, las extraño

A una la conocí personalmente, a la otra solo la he podido ver en fotos. A una no la pude disfrutar tanto, a la otra no la pude disfrutar para nada (solo su sonrisa en las fotos). Mamá María (más conocida como ‘Chimbo’) y Mamá Angélica ya no están conmigo (aunque sea en carne y hueso) y siento que las extraño (aunque me imagino que mis papás aún más).

A ‘Chimbo’ la conocí en Huancayo cuando tenía casi siete años y como tenía asma mi papá (el querido Rigo) me dijo que ir a visitar a la abuela y estar con un mejor clima podía hacerme mejorar. Y le creí. En realidad ahora es irrelevante si me sané o no (aunque si lo hice), lo importante es que era una de las primeras veces que podía estar con mi abuela en vivo y en directo.

Disfrutaba verla y aunque ella no lo sabía, la mayoría de sonrisas que dibujé allí fueron por ella. La veía despertar tempranísimo para sacar la leche fresca de la vaca, hacer un desayuno en base a quinua y leche que pensaba que no me iba a gustar pero que hasta ahora recuerdo su sabor. Además de la vaca, tenía chanchos, cuyes y demás animales que mi memoria frágil no me permite recordar.

La ‘Chimbo’ me hacía reír. Contaba chistes que yo siendo cómplice entendía y le gustaba tanto el pollo a la brasa que a veces dudaba que criara cuyes. No la pude ver muchas veces y no tengo muchas fotografías mentales grabadas en mi memoria pero siento que la extraño. A la ‘Chimbo’ le detectaron cáncer al estómago y mi papá tuvo que viajar de urgencia por casi una semana. Estaba mal y yo quería acompañarlo, pero no podía. Malditas clases.

Felizmente nunca vi llorar a mi papá porque falleció mi abuela (o me hice el cojudo. No dicen que uno escoge sus recuerdos?). Quizás lo hizo solo y en silencio, no lo sé. Lo vi triste y acongojado y aunque dicen que con el tiempo pasa el dolor, mamá es una sola y nunca se olvida. Hasta ahora la extraña, lo sé. Y a mi manera yo también porque cada vez que veo a mi viejo, veo el alma de la ‘Chimbo’. Bondadosa, parsimoniosa y que se hace querer. Con una chispa media rara de entender. Pero eso me hace recordar que papá también hay uno solo y hay que disfrutarlo. Que para mí (a pesar de que ya voy a cumplir 21 años) sigue siendo mi héroe. Con el que jugaba pelota de chibolo, el que me enseño a regar y a pensar que lo peor que podía hacer es no soñar con ser alguien grande (y no me refiero al tamaño). Aún lo hace, aún me alienta cuando me ve sin ganas. Me hace reír cuando me ve molesto y me obliga a quererlo un poquito más. Y aunque se lo diga casi todos los días: te quiero viejo.

(Punto y aparte)

Mamá Angélica o simplemente Mamange (como siempre la escuché). No sé si mi mamá es tu copia o un boceto muy parecido pero cada vez que las veo en fotos me confundo. Hasta para la pose son iguales. La cabeza para un costado y la sonrisa a medio sentir. Los rulos por doquier y las cejas bien marcadas. Nunca te conocí y mi hermano tampoco. Solo lo pudiste cargar algunos años antes que te pusieras mal y te fuera de manera carnal pero no espiritual. Le hiciste canchas de fútbol a Carloncho y aunque el aún no sabía lo que era, el ruloso (de ese tiempo) te lo agradece.

Pasan los años pero lo increíble es que la familia no te olvida. Es más, creo que los discurso cada año se ponen más ‘feelings’. Mi abuelo cada vez siente más tu ausencia y te extraña un poquito más y tus seis hijos (mi mamá y mis tíos) te recuerdan con cariño.

No puedo recordarte pero si pensarte y cuando veo a la gorda (mi mamá) te imagino igual. Mamá pollera hasta decir basta, con el cordón umbilical sin cortar a pesar que tus hijos ya vayan a cumplir 30 años y estén a punto de casarse. Mi mamá es igual. Nos hace el desayuno, nos llama para ver si estamos bien sea la hora que sea (así esté en tonos o solo en el trabajo), ve si nuestra ropa está planchada o estamos saliendo como dormimos, entra a nuestro cuarto en las madrugadas para ver si estamos abrigados y nos mima demasiado. En serio que demasiado.

Creo que es la mamá que más suda la camiseta. Ahora son más light pero la gorda es más a la antigua y no me quejo. La quiero como es, con sus virtudes y sus defectos, con sus gritos y con sus arranques de cariño donde te llena a besos, con sus sopas características y con sus preciosos ojos verdes, con sus ganas de bailar y a veces de seguir gritando. Y seguro que si mi mamá es así es porque mi abuela tuvo que ver.

Solo me queda agradecerle a mis abuelas por los papás que me dieron y aunque no estén conmigo físicamente, siento que lo están cuando veo a mis papás. Y puede estar orgullosas, eh. Dicen que uno no elige su familia, pero si yo lo tuviera que hacer los eligiría a ellos de nuevo. A la misma mamá, al mismo papá y al mismo hermano. Porque cada uno me enseñó (y lo sigue haciendo a su forma) lo que es vivir. Con ustedes me siento completo y feliz. Con la gorda que me engríe todos los días, con mi héroe descansando en la casa (pero ya feliz y tranquilo) y con mi hermano que sigue demostrándome todos los días que uno puede conseguir lo que le dé la gana mientras quiera. Así le tengas que dar la contra a todo el mundo, así te tengas que amanecer 10 noches seguidas o tengas una agenda tan apretada que no puedas ver a tu enamorada.

La conclusión a la que me lleva es que no hay que dejar pasar el tiempo y si tienes a tu mamá y a tu papá juntos repetirle mil veces si puedes que los quieres porque no sabes cuando tiempo los tendrás cerca. Estoy seguro que los míos pueden estar tranquilos porque de una y mil formas mis abuelas sabían como las querían y yo también puedo estar tranquilo porque se los hice saber. Ahora tengo una tarea pendiente. No desaprovechar el tiempo que tengo con el único abuelo vivo que tengo (mi abuelo Ernesto también se fue y aún extraño sentarme en sus piernas para coger su barbita mal afeitada que me hacía cosquillas y reír. Cuando se fue, vi a mi papá llorar por primera vez) mientras vive conmigo en mi casa y sacarle el jugo a todo lo que ha vivido y a todo lo que yo le puedo dar como nieto (que no creo que sea mucho, pero bueno).

Cada minuto, cada palabra y cada gesto cuenta. Hay que aprovechar el tiempo.

domingo, 24 de agosto de 2008

La niña de febrero

Aún recuerdo con claridad como te conocí. Era la primera hora del 2 de febrero de este año y yo deambulaba por la discoteca sin rumbo conocido. Bajando un escalón te vi de reojo y aunque dudé un par de segundos en sacarte a bailar seguí el consejo de un sabio filósofo amigo. “Lo peor que te pueden decir es no, brother”. Recuerdo tu jean, tu polito rosado, y tu correa punk, tu cabello a medio lado pero sobretodo tu sonrisa (que aún me sigue gustando).

Empezamos a hablar y nos divertimos tanto que hasta te tuve que enseñar mi dni para que creyeras que me llamo Angelo (te maleaste ah!). Cada uno partió por su lado pero prometimos seguir hablando. Por cosas del destino, apunté mal tu correo y tú también, por lo que al tratar de agregarnos mutuamente nos dimos cuenta que no existíamos en el mundo del ciberespacio. Tu renegabas por tu lado mientras yo lo hacía por el mío. Renegaba porque sentía que las cosas podrían salir bien entre nosotros (en cualquier sentido: amistad, solo juergas o lo que sea) y creo que al final no me equivoqué.

Después de más de seis meses de conocernos, sé que eres alguien especial y diferente. Es más, cada día me sorprendes más (en todo sentido). Nos llevamos muy bien (o por lo menos eso creo yo) y aunque quizás en algún momento quise ser la razón de tus sonrisas más sinceras hoy te ofrezco mi más sincera amistad. Puedes contar conmigo para lo que quieras. Para hacerte reír (como muchas veces) o para ser el hombro cuando quieras llorar. Por eso niña de febrero, no dejes que se derrita el helado.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Soledad

A las 6 de la tarde se prenden las luces en la ciudad menos en un lugar. Poco a poco (y muchas veces sin haberse ido la claridad en el cielo) los focos empiezan a iluminar con su amarillenta luz artificial todo Lima menos un rincón mínimo, casi invisible.

Casi siempre a esa hora estoy en el micro, sentado o parado escuchando música, siendo testigo presencial de miles de realidades y de cómo el día se vuelve noche, menos en un lugar. Ahí es noche desde hace un par de meses. Oscuro y sin interruptor para la luz.

Ese lugar está dentro de mí. Tiene forma de corazón y bombea la sangre dentro de mi cuerpo pero últimamente dudo que exista tal corazón. Cumplirá las funciones vitales que necesito físicamente pero no las sentimentales. Esas que pesan más, las más importantes.

Solo. Completamente solo. Así estoy. La marciana se volvió humana y al parecer se olvidó de que yo existía y vivíamos juntos en un mundo paralelo. La chica de la sonrisa perfecta me puso cara de disgusto en mis sueños y la que (quizás) sigue siendo el amor de mi vida vive al costado de mi casa pero está comprometida. Y a mi solo me queda…mi soledad.

Aunque la verdad es que no es tan malo. Aprendí a vivir conmigo mismo, soportarme y conocerme bien. Saber mis debilidades y mis fortalezas, mis virtudes y mis defectos (sobretodo los defectos). Esa soledad no es del todo mala pero tampoco es del todo buena. A veces extraño el sentirme completamente seguro con alguien, saber que me puedo echar en su pecho y no acordarme de la hora ni de las cosas que tengo que hacer por un buen rato.

Debe ser por eso que vivo tan agitado. Tan lleno de cosas. Tan stresado que no tengo tiempo ni para salir. Tan rodeado de gente pero a la vez tan…solo. Quizás parezca dramático (lo más probable es que no lo sea) pero extraño sentir la motivación de hacer las cosas diferentes aparte de por mi mismo.

Mi corazón está frío contra mi voluntad. Apagaron las luces, arreglaron un poco y cerraron la puerta. ¿Quién tiene la llave?...me gustaría saberlo.

sábado, 16 de agosto de 2008

Maldita rutina

A veces son las 8 de la mañana. Otras veces las 10, y otras cuantas un poco más tarde pero apenas abro mis ojos sé que una tortura empieza de nuevo. Porque los días ya no son para disfrutarlos, sino para sufrirlos. Sin tiempo y con millones de cosas que hacer es jodido sentirse bien (casi imposible).

Despierto y al trabajo. A una comisión, a escuchar las mismas frases trilladas y estúpidas de ciertos personajes que viven en una burbuja y porque le pegan bien a una pelota tener que aguantarlo o ponerles buena cara cuando no quieren declarar. Por patear regularmente bien una pelota tienen mucho dinero (quizás más del que puede manejar su cabeza). Y por eso se desubican. Por eso la argolla. Por eso la estupidez generalizada.

Después al carro. A escuchar música y llegar a escribir. Apurado. Todo apurado. Hasta comer. Acabo lo más rápido que puedo y enrumbo a clases. Antes (claro) tengo que pasar por el centro de una de las ciudades con más contaminación sonora del planeta. Por eso te duele la cabeza en el centro. Mucho ruido junto. El carro, la tía que vende canchita, la gente caminando apuradísima.

Dicen que el centro tiene su encanto. Yo lo detesto para ser sincero. Bueno, el punto es llegar a mi espectacular micro que me deja en un promedio de una hora en la universidad. Una hora leyendo, escuchando música o viendo los carros que no pueden avanzar(parados por la congestión). Luego clases y bum! A la casa. Qué hora es? Cerca de las once. Y aún no como nada. Maldita rutina.

Así es mi vida de lunes a miércoles. Jueves y viernes descanso y aunque intento aprovechar de pasar el mayor tiempo posible con mis papás y mi familia se me hace difícil porque tengo un millón de cosas que hacer que se quedaron pendiente por…mi maldita rutina. Además, tengo clases en la noche, lo que me caga cualquier plan.

Llega el sábado y el domingo y a webear,no?. A webear? A trabajar. Yo no tengo una vida normal. Previos, crónicas, notas y a esperar resultados. Esos son mis fines de semana. Qué hora es? Nueve, casi diez de la noche. Vida? Qué vida? Ya ni me acuerdo que es eso. Maldita rutina.

Y así transcurre mis días y mis semanas. Aburridas. Monótonas. Muy monótonas. Por culpa de la rutina. La maldita rutina. Espero que sea un sentimiento pasajero porque cuando llega mi día de descanso a veces espero no tener que volver a trabajar más. Aunque sea por unos días.

Me siento asqueado. De todo. Necesito vacaciones urgentes. YA! A donde sea. Con mi familia, con mis patas, etc. Necesito largarme de Lima. No aguanto. Necesito saber que no tengo que ver la hora porque se me puede pasar algo urgente que tenía que hacer. Quiero tirarme en la playa como una morsa y dormir. Pero no puedo. No por ahora. Todo por la rutina. La maldita rutina.

miércoles, 23 de julio de 2008

La chica de la sonrisa perfecta

Aún no nos conocemos (pero me gustaría ya haberlo hecho). Solo hemos cruzado miradas una vez (y quizás sonrisas) pero tu imagen no se borró por completo. Habían resagos, tipo secuelas de aquella cautivante sonrisa. No se borraba (y creo que no lo hará tampoco).

Una noche de vagancia (una de las pocas) te encontré de casualidad, en ese mini-mundo que se hace llamar hi5. Esa sonrisa no se olvida así de fácil y te reconocí rápidamente. Me puse a ver las fotos y (disculpa) no pude evitar dejarte un comentario en una de ellas. Nunca lo hago pero tú fuiste la excepción.

Dentro de un mundo lleno de imperfecciones, asesinatos y locuras constantes, apareció tu sonrisa como una suave brisa para recordar que no todo es malo. Que algunas cosas si pueden ser perfectas y para contagiar a los demás. Porque tu sonrisa hace sonreír. Y eso es increíble.

Te gusta el arte y a mi también (aunque a mi me gusta en otras ramas porque sé que soy pésimo actuando) pero creo que esa no será nuestra única coincidencia. El culto por decir siempre la verdad y por querer hacer las cosas bien también nos ligan. Tengo un buen presentimiento de lo que pueda pasar pero no me quiero apresurar. Hasta hoy, eres la chica de la sonrisa perfecta. Y mañana?...eso lo tendrás que escribir tú.

viernes, 18 de julio de 2008

El peso de la balanza

En realidad, dicha balanza no es un bien tangible. No se puede tocar, no tiene agujas que marcan peso ni mucho menos números. Más se parecería a una balanza con grandes cadenas y soportes en ambos lados. De las antiguas. Y no se pesarían alimentos sino hechos. Lo bueno y lo malo. Esa balanza si existe pero solo en sus cabezas.

La mente de una chica es peligrosa, por eso un error jamás será perdonado (por lo menos no en serio). Lo digo por experiencia. Es un fenómeno común y que ya no debe sorprender. La memoria es frágil (por lo menos la de ellas).

Los detalles, los abrazos y los besos serán automáticamente prohibidos hasta nuevo aviso luego del error. Se olvidarán de todo lo bueno y lo primero que recordarán será eso. El maldito error. Las nublará. Si los detalles tienen peso pluma, el error será como un enorme glaciar, que le pondrá paños fríos a la relación y que inclinará la balanza hacia lo malo.

Es como el maldito pero (que tendrá su propio post). Siempre va todo bien pero… Pero la cagaste! Por eso hay que tener cuidado ante el más mínimo error. Si lo hiciste, preocúpate. Y si crees que todo está bien, sigue viviendo en tu mundo de fantasías. Iluso.

jueves, 10 de julio de 2008

¿Dónde estás?

Mi celular no vibra y en la computadora el llamativo naranja del messenger no se enciende desde hace un rato. El rectángulo azul del motorola (es la señal de cuando te llega un mensaje) parece convertirse en negro. Osea, casi nunca llega uno.

Antes la bandeja de entrada estaba llena, ahora está semivacía. El naranja nunca dejaba de brillar y el azul era tan fuerte que se notaba en la oscuridad. Hoy ya no. Empieza a hacer frío y se me entumecen los dedos de tan poca actividad.

Desde la Tierra siguen llamando a Marte constantemente, intentando saber sobre una marciana perdida que se robó mi corazón. Las características que dí no ayudan tampoco. Como 1.70 y verde. Tan verde que parece humana. Los policías espaciales parecen peruanos: quieren cobrar coima, así que prefiero hacerlo por mi mísmo.

Marciana, ¿Dónde estás? A veces pienso que adoptaste la forma humana y que ya te acostumbraste a estar así. Otras, te sacas el traje humano y vuelves a ser marciana conmigo. Dibujas sonrisas donde no las hay y haces fuego donde las cenizas parecían ya apagarse. Pero luego te vas y el fuego empieza a perder fuerza hasta nuevo aviso. Hasta que vuelva la marciana.

Todo empezó como jugando y con un beso. Un beso que me llevó al que fue nuestro planeta durante un tiempo. Un beso que nos dejó pensando toda una noche y que jugó a favor de nosotros (como tantas otras veces). Las ilusiones fueron diluyéndose con litros de realidad. Sé que es casi imposible, pero terminemos todo como empezó: con un beso. Con broche de oro. Después ponte el traje de humana si quieres, aunque extrañaré mucho a mi marciana.

sábado, 5 de julio de 2008

Esperando que vuelva mi inspiración

Llegó como una fuerte ráfaga de viento en las alturas. Fría (casi helada) pero a la vez cálida por el humo que salía de su boca. Sus lisos cabellos me llamaban la atención aunque no estaba de ánimos de sorprenderme pero al ver su sincera sonrisa no pude más. No resistí (no tenía porque hacerlo), y me dejé llevar.

La luz de la luna reflejaba mi sentir. Blanca, casi transparente. Como siempre. Como hasta hace poco. No podía ocultarlo y ella (sin sberlo) empezó a curar heridas internas. Un lío en la cabeza estaba conmigo, pero su magia desenredó cada uno de los nudos sin necesidad de tocarlos. Solo con palabras. Solo con sonrisas. Solo como ella lo podía hacer. Encontró el camino de un laberinto gigante del que yo esperaba salir, pero el hacerlo acompañado fue mucho mejor. Casi una catarsis.

No esperaba conocerla y mucho menos esperaba que fuera tan importante para mí. Llegó y ese desorden mental se convirtió en inspiración. Todo, o bueno, casi todo (no todo es perfecto pues). Desacostumbrado a estar tranquilo y no luchar contra mí mismo y mis estúpidas conclusiones apresuradas, caí en lo mismo. Me encerré en el laberinto del que ella me había sacado sin esfuerzos pero algo ya había cambiado. Botó el mapa para salir.

Hoy parece ida y sin ganas de resolver laberintos ni jeroglíficos. Y se le entiende. Soy una joda pero aún la esperanza está. Siempre estuvo. Hoy que parece ida, la extraño más. Hoy que parece estar muy lejos, veo su sonrisa solo en mis sueños. Pero sobretodo extraño su sinceridad (que a veces me chocó) al hablar. Palabras puras y sin adornos. Al grano. A lo bruto. A lo …(no seas sapo).

No fuiste musa sino inspiración que sirvió para crear (quizás) las mejores líneas que escribí en mi vida (estas no son. solo tú las tienes). Aún respiras, pero ya no a mi lado. Ya no en nuestro planeta privado donde ser marciano no estaba mal. Donde el ser verde tenía un significado especial. Ya no espero nada (como tantas veces recomendaste), aunque una parte de mí aún sigue esperando que vuelvas. Aunque sea a ser mi inspiración.